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Publicado el 05-22-2010   enviar imprimir
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MARISABEL BLUMENTHAL

¿Cuánto valemos...?

MARISABEL BLUMENTHAL
¿Disfrutó de “Hamlet” en español?

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La valía es algo intangible, que se establece de acuerdo a lo que cada persona determina de si misma. El valor de cada uno no lo definen las demás personas, ni siquiera lo que otros piensen o digan de nosotros. El valor de cada uno, es el resultado directo de lo que hemos construido y valorado en nosotros mismos. ¡Los demás solo verán en nosotros lo que hemos decretado que valemos!
Por eso no debemos preocuparnos de lo que digan los demás, pero si debemos poner atención a lo que desplegamos externamente, lo cual es un reflejo de lo que hemos cultivado internamente.
Si hemos crecido en un hogar donde se nos ha tratado con amor, cuidado, respeto y consideración, vamos a gozar de mucha confianza en nosotros mismos y de una saludable validez. Pero si por el contrario, la persona ha crecido en un ambiente hostil, lleno de incertidumbre o malos tratos, entonces la valía habrá sido mermada desde la infancia y el valor interno se verá afectado.
En este último caso, la persona debe aceptar los hechos, pero sin caer en la costumbre de hacer un análisis sin fin del pasado, culpando, criticando, despotricando o tratando mal a los demás, porque no todas las cosas en la vida de una persona son completamente buenas o malas, todos tenemos que enfrentar situaciones difíciles o dolorosas de una manera u otra.
Pero la solución es simple, perdonar a los padres, maestros y personas que se comportaron de una manera inadecuada, comprender sus circunstancias, pero sin querer cambiar las cosas del pasado o haciendo responsables a personas en el presente. Las cosas que pasaron no se pueden cambiar, pero si no se olvidan, se vivirá una vida amargada, atrayendo constantemente ambientes parecidos llenos de desamor o maltrato, repitiendo un patrón malsano, por algo que ya pasó.
En cambio, si en cada momento o situación difícil escogemos perdonar, sin quedarnos con el rencor o el desaliento, sino que vemos cada cosa que nos pasa como una oportunidad para crecer y saber que no hay mal que por bien no venga... Entonces simplemente podremos cambiar de marchas y buscar soluciones alternas que a la larga resultarán de mejor provecho para nosotros.
Esta manera de ver las cosas, se alcanza con la madurez emocional (la cual no siempre está acompañada por la edad cronológica). Dicha madurez se consigue cuando aprendemos a
querernos a nosotros mismos, para eso se requiere dejar a un lado toda condenación, culpa y aceptarnos tal y como somos.
Recuerde, el principal mandamiento es Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Como verán el prerrequisito indispensable para amar a otros es amarse primero a sí mismo.

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