Siempre estamos ponderando la “suerte” de otras personas, sin conocer a fondo los detalles de cómo llegaron a tener tanta ventura... Pero en realidad, nada se obtiene por azar, todo lo que logramos en la vida es producto de determinación, perseverancia y disciplina. Sin estos tres elementos presentes, alcanzar lo que queremos sería muy difícil y mucho más mantener lo adquirido, como por ejemplo, obtener dinero fácil en cualquier negocio, herencia o la misma lotería –si de antemano no hemos desarrollado la habilidad para manejar y conservar el dinero, se escurrirá entre los dedos y tan rápido como vino se irá. La buena o mala suerte depende de varios factores, me refiero a medir las consecuencias de nuestros actos, de aprender a discernir cuáles son las personas indicadas para asociarnos y el momento oportuno para actuar. Esto es una función espiritual que requiere de sabiduría, no basta con solamente desearlo mentalmente. Podemos tal vez acercarnos a lo que queremos hasta un punto que se puede llamar suerte, pero realmente fue la autodeterminación, la que produjo esa racha de buena fortuna... es lo que también se conoce como la Ley de Atracción. Este fenómeno llamado “ley de atracción” o “el que busca encuentra”, es un producto directamente proporcional a la fuerza interna o determinación que se tiene para obtener algo. Sin embargo, debo aclarar que esta atracción puede ser mental o espiritual, de acuerdo al método usado para su manifestación. Lo que se logra atraer mentalmente a través de una actividad intelectual, requiere de una concentración constante y al abandonarla se pierde lo obtenido. Pero existe una “Ley de Atracción Espiritual”, donde se pueden cumplir todos los deseos de nuestro corazón... pero se basa en que debemos creer y depender de la Gracia de Dios y de Su Favor. ¡El Favor de Dios es mayor y mejor que toda la “buena suerte” del mundo, pero solo se obtiene cuando creemos en Él! Cuando no se obtiene lo que se anhela, es porque hemos estado convencidos que la suerte es una habilidad de la mente y no un poder del Espíritu en nosotros. Lo que muchas personas ignoran es que cuando tenemos Fe, no se trata de seguir una religión o ir solo a la iglesia... se trata de una íntima relación con Dios a través de Su Palabra, de la misma forma que se estudia la biografía de una persona que queremos conocer de cerca, por propia investigación y experiencia. Hay una gran diferencia entre oír acerca de alguien, que verlo con nuestros propios ojos. Al tomar la decisión de conocer y experimentar a Dios verdaderamente, entonces obtendremos “los más íntimos deseos de nuestro corazón”. Deseos que algunas veces desechamos porque creemos no tener “suerte” para obtenerlos... ¡Pero les garantizo que a mí el Señor me ha dado todos los anhelos de mi corazón! |
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