Esta columna me la inspiró un bello pensamiento que me enviaron por e-mail esta semana que dice así: Amor no es más que el descubrirnos a nosotros mismos en otra persona y el placer del amor consiste en deleitarse en ese reconocimiento. En otras palabras, más simplificadas, quiere decir estar "conectados" o lo que muchos llaman "química", que significa una relación muy estrecha con otra persona a nivel espiritual y emocional, lo que por supuesto también se manifiesta físicamente cuando ambas personas pueden comunicarse de una manera directa, sencilla y transparente. Lo que realmente promueve y hace crecer un verdadero amor entre dos personas es comprometerse al bienestar mutuo, aunque algunas veces implique ir más allá de los propios intereses... pero no quiere decir que solo se trate de complacerse mutuamente sin que primero existan ciertas condiciones como son la atracción física, los gustos similares y lo más importante valores iguales, así como puntos de vista y metas compatibles. Sin todas esas características en común, sería un peso estar en cualquier relación y es por eso que hay tantas parejas que terminan en divorcio, porque cuando se conocieron, una de las dos personas o ambas, iniciaron la relación queriendo impresionar a la otra persona o complacerla, sin mostrarse realmente cómo eran. Estar enamorado significa descubrir a otra persona que piense, sienta y anhele lo mismo o muy parecido a lo que realmente somos y queremos nosotros mismos en la vida. Como lo dije en uno de mis artículos anteriores, el encontrar una pareja, como su nombre lo indica, se refiere a dos personas que caminan iguales, aparejados, queriendo ir al mismo paso para poder mantenerse unidos. Es lo que se considera “yugos iguales” porque ambos se mueven al unísono, por el gusto de hacerlo y querer estar juntos, pero libremente. La realidad es que el tan famoso enamoramiento solo se obtiene cuando ambas personas se conocen a cabalidad sin pretender ser alguien que no se es y mucho menos llegar al matrimonio sin ser totalmente sinceros el uno con el otro. La conexión no se puede fabricar ni imponer con subterfugios o disimulos, es un encuentro entre dos personas que descubren internamente el mutuo reconocimiento de pensamientos similares, que son la verdadera base para decidir amarse y ayudarse mutuamente, esto sólo puede darse cuando se ha superado el egocentrismo y la necesidad de crecer a expensas de otro. Mientras tanto, se vive en una fantasía o seudo-amor donde lo que se persigue es un deseo egoísta de poseer a la otra persona, sin importarle cuántas cosas se tienen en común, es como querer un juguete, no importa si luego lo descuidamos o desbaratamos, porque no lo entendemos. Una verdadera pareja se reconoce cuando se puede disfrutar y compartir con la otra persona tal cual es, sin querer poner o quitar nada del otro, ni tampoco hay que hacer sacrificios o comprar cosas fuera de nuestro alcance para agradarla, ni para ganarse el afecto de alguien con quien no tenemos nada en común. Lamentablemente, ese es el amor más común en nuestros días, cada quien quiere amoldar o cambiar a la otra persona en lugar de enfrentarse a sí mismos y aceptarse tal y como son, para entonces poder saber a ciencia cierta cuándo la otra persona es realmente la indicada, sólo de esa manera podremos encontrar ese anhelado amor... siendo verdaderos. En conclusión, para amar se requiere primeramente ser auténticos para poder identificar la conexión con otra persona. Sin embargo, el verdadero amor realmente se alcanza cuando los enamorados llegan a desear lo mejor el uno para con el otro, lo que implica poder llegar a una comunicación directa, sin disimulos o manipulación... ésa es la verdadera comunión entre dos personas. |
|








