Este es un tema que preocupa especialmente a la mujer y todas tenemos que enfrentarlo. En particular me consuela saber que aunque envejecer es obligatorio y nadie se salva, el madurar es lo que embellece al ser humano. Por lo tanto mi consejo, que les parecerá muy sencillo, nos toma toda una vida para lograrlo.
Como ilustración les contaré, que el pasado Domingo fui invitada a una charla dedicada a la mujer en la cual se mencionó el Proverbio 31, que en su mayor parte es un elogio a la mujer virtuosa. Me encantó confirmar el verdadero significado de Virtud. Una mujer virtuosa se describió como una mujer de excelente moral, esto quiere decir: Honesta, justa, amable. Una persona de principios, firme y que alcanza lo que se propone.
Como lo dice el verso 10 del mismo Proverbio: “Su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”... Más que la juventud y la belleza externa, el valor de una persona está en ser virtuoso. Esto se aplica a ambos sexos, pues el hombre también presenta crisis de vejez y comienza a presentar síntomas de preocupación al igual que la mujer.
El hombre también necesita ser virtuoso, prudente y firme en sus metas y especialmente de principios morales y temor de Dios, para saber conducirse y saber lo que tiene que hacer en todo momento. “Poniendo toda diligencia, añadiendo a la virtud conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto... Pero al que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta, estando ciego...” 1 Pedro 1:5-9.
Si nos enfocamos en la belleza interna, y somos humildes bajo la mano de Dios (no de los hombres). Dios nos exaltará en su tiempo, y nos mantendrá con vida, salud y belleza a cualquier edad... Si ponemos toda nuestra carga de ansiedad y preocupación sobre Él.