He estado observando que en casi todos los ambientes, tanto laborales como sociales, existe una marcada tendencia al “control”. Es decir, el querer controlar a toda costa, tanto las situaciones de trabajo como a otras personas en todos los ámbitos de esta sociedad actual. Comentando sobre este tema con algunos colegas y amigos, llegué a la conclusión que esta tendencia está directamente relacionada al miedo existencial. Es decir, que en la medida en que se carece de estabilidad emocional dentro de una familia, debido a la pérdida o ruptura de sus padres, los niños crecerán con una seria inestabilidad, en mayor o menor grado dependiendo de la seguridad que hayan recibido de sus tutores o progenitores y de la armonía que continué existiendo entre sus padres en el caso de una separación. Lamentablemente, son muy pocas las separaciones o divorcios en perfecta armonía, donde los padres mantengan una relación civilizada de buenos amigos y ejerzan su paternidad por igual y no descuiden la responsabilidad para con sus hijos en todos los aspectos tanto en lo emocional como en lo material. Pero infortunadamente en la mayoría de los casos de un rompimiento familiar existe por lo general gran angustia, dolor y falta de amor y comprensión, lo cual afecta enormemente a los hijos. Cuando los niños han crecido en una familia donde no están presentes ambos padres y no han podido recibir a diario el amor, la atención y los cuidados de los dos, lamentablemente esos niños crecen en un ambiente “disfuncional” donde el factor emocional dominante será el miedo y la incertidumbre. El mecanismo de defensa prevaleciente como consecuencia en estos casos es el querer ejercer un control a veces desmedido del ambiente y las personas que los rodean para asegurarse de no perderlos o por lo menos saber que tienen algo seguro en sus vidas... Este comportamiento también se manifiesta en la férrea competencia que se vive hoy en día, donde todos compiten sin piedad unos con los otros y hasta se ha convertido en un motivo de orgullo, el ser competitivo. Considero que a pesar de los adelantos técnicos de este siglo, hemos perdido lo más valioso del ser humano... su integridad familiar, lo que conlleva a perder los valores humanos y la habilidad para amar y ser amados, sustituido con un insano deseo de controlar a las otras personas y competir con ellas. Le invito a enviarme sus preguntas a mi correo electrónico: marisa@7dias.us |
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