Ha sido interesante ver que con el transcurso de los años los problemas, los cuales creía erróneamente disminuirían, por el contrario tienden a aumentar y volverse más complejos y difíciles de resolver. Esto me ha llevado a darme cuenta que el mayor “problema”, valga la redundancia, está en la manera como enfrentamos nuestra vida cada día. Me refiero específicamente a las expectativas que tenemos con respecto al futuro, creemos que con el tiempo todo será mejor y que las cosas se arreglarán solas o que algún día seremos felices para siempre... Me imagino que esta ha sido una panacea que nos han vendido los cuentos de hadas, que han sido lectura obligada en nuestra infancia, para luego enfrentarnos a una realidad que no tiene nada que ver con la frase “vivieron felices para siempre”... ¡Lo peor es que todos la hemos ingerido y esperado en mayor o menor grado, para darnos cuenta con el paso del tiempo que los inconvenientes no paran y no respetan la mayoría de edad! Esto me recuerda la conversación que tuve cuando hice mi Primera Comunión a los ocho años con un grupo de amiguitas, imaginando lo fantástico que sería el nuevo siglo, donde creíamos que todo el mundo sería tan moderno e increíble que estábamos seguras sería una época sin problemas. ¡Sin embargo, el año 2000 ha llegado y han pasado más de diez años... pero la moderna tecnología no ha disminuido los problemas, ni las complicaciones han parado! Ahora el planteamiento de una vida “sin problemas” cambia radicalmente a un plano de realidad. Por lo tanto, he llegado a la conclusión, que la respuesta consiste en poder ver cada circunstancia como una oportunidad para cambiar nuestro ser interior y ser “mejor”. Es decir, tener la habilidad de poder enfrentar todos y cada uno de nuestros problemas e inconvenientes con mayor madurez, sensatez, cordura, fe, bondad y tolerancia para encontrar una solución más práctica que nos permita vivir más contentos y en paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean, encontrando siempre el lado positivo de todo lo que nos acontece. En otras palabras, debemos concentrarnos en nuestra calidad de vida como seres humanos, manteniéndonos saludables tanto en el aspecto físico como emocional y espiritual. Creo que debemos minimizar los problemas diciendo “no” a lo que no nos conviene para nuestra salud o es una tentación malsana o negativa que nos puede afectar la tranquilidad mental y del espíritu... es la mejor manera de enfrentarnos a las vicisitudes de la vida moderna de este siglo… |
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