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Publicado el 06-17-2011   enviar imprimir
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MARISABEL BLUMENTHAL

¿Por qué la oración va más allá de las palabras?

MARISABEL BLUMENTHAL
¿Disfrutó de “Hamlet” en español?
La oración va más allá de las palabras porque no se formula en la mente sino en el corazón. Las palabras son una externa entonación de lo que llevamos dentro y realmente deseamos expresar a un padre. Orar es tener una conversación natural y plácida con Dios, con el único propósito de conocer Su Voluntad.
Se tienen muchas ideas erradas acerca de la oración, por ejemplo se cree que Dios es una especie de “genio de la lámpara” que está a nuestra disposición para cuando le pidamos lo que queramos, esperando que nos lo conceda de inmediato... Otros creen que lo opuesto es verdad: Que en vano se ora a Dios porque no es posible que El pueda estar pendiente de cada persona en particular, habiendo tantos en el mundo y con mayores problemas que nosotros.
Pero la realidad es que Dios no tiene límites, ni limitaciones para escuchar y conceder las peticiones de nuestro corazón –la condición es esa, que venga de lo más profundo de nuestro ser y que sinceramente queramos conocer y cumplir Su perfecta voluntad.
En otras palabras, debemos estar dispuestos a rendirnos ante Su majestad y poderío, que es la única y verdadera humildad... entonces Su preciosa grandeza y generosidad se manifestará y contestará nuestras plegarias.
Cuando finalmente entendamos este principio entonces entraremos a una comunión con Dios y seremos capaces de experimentar Su Presencia, sin la necesidad de muchas palabras. En lugar de oírnos a nosotros hablar, oiremos Su voz y podremos llegar a la profunda convicción de que El realmente nos oye. Entonces nuestra comunicación llegará a un plano de total confianza, donde podremos ser totalmente honestos y establecer una relación constante y familiar con el Padre Celestial. (Por eso el Padre Nuestro es la oración por excelencia).
Al llegar a este grado de intimidad y transparencia con Dios... No nos conformaremos con las cosas externas de este mundo, sino que experimentaremos una transformación que renovará nuestra mente para poder entender la buena y agradable voluntad de Dios, que siempre es individual y perfecta para cada uno en particular.
Mientras más aplicamos el principio de “conversar” con Dios en lugar de pasarnos horas repitiendo mantras, letanías u oraciones sin fin, llegaremos a una verdadera intimidad con Su Espíritu, que nos acompañará en todo momento.

Le invito a escribirme al correo: marisa@7dias.us