Para evitarlas debemos saber de donde vienen... primeramente las malas influencias pueden venir tanto de personas conocidas que por celos o envidia quieren destruir tu reputación, como también de personas que acabas de conocer, que por circunstancias ajenas a ti, no se sienten bien y cuando se acercan a ti es para querer sacar tu energía positiva y poder sentirse ellos mejor... Pero como dice el dicho los tropiezos nos enseñan a levantar los pies, cada experiencia mala o buena, nos enseña como actuar en el futuro, teniendo mucho más cuidado a quien dejamos entrar en nuestro círculo de amistades. Las experiencias negativas, por lo general nos enseñan a tener más cautela para no volver a repetir la misma situación. Así como las positivas nos alientan y entusiasman a seguir con una amistad y conservarla para siempre. En líneas generales, este proceder basado en la experiencia se debe usar para evitar las malas influencias. Sin embargo, debemos ser prudentes y analizar cada cosa que nos pasa con ecuanimidad y sabiduría hasta llegar al fondo de la verdad. Recordemos, solo “la verdad nos hará libres”. La vida tiene muchas facetas y lo que resulta favorable en el pasado en un determinado momento, no necesariamente se puede aplicar en el presente a una situación parecida. En otras palabras, un acto erróneo de una persona en un momento determinado puede traernos funestas consecuencias, pero esa misma acción la podemos encauzar para cambiar el ambiente donde nos movemos y relacionarnos con personas que verdaderamente nos aprecien y respeten. En mi opinión, la manera más precisa para saber qué hacer en cada momento es simplemente entender a las demás personas y saber ¿por qué? se comportan de cierta manera con nosotros. Luego tomar las cosas con calma sabiendo de quien vienen, sin sentirnos afectados por la opinión o influencia adversa después de conocer cabalmente las circunstancias que rodean el caso. El sabio Salomón lo explica de una manera muy clara: “Todo acontece de la misma manera a todos, un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento... Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el alimento, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos”. Le invito a escribirme al correo: periodico@7dias.us |
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