La mujer tiene derecho a su propio cuerpo, pero no al cuerpo de la nueva vida que se está formando dentro de sí misma. Esa preciosa criatura no forma parte de su cuerpo, es una entidad aparte con características individuales, genéticamente distinta, con su propia estructura ósea, diferente tipo de sangre. Aunque el bebé se alimenta por un tiempo de la madre, ¡no es parte de ella!
Prueba de que el feto no es parte de la mujer que lo ha engendrado, es que los científicos han logrado reproducirlo, independiente de toda mujer, lo que se ha llamado: “Bebé de probeta” (no células en probeta). Esto quiere decir que desde el momento de la concepción, en un tubo de ensayo, es considerado un bebé para ser implantado en la madre que no puede concebir. La madre constituye un recipiente para que la criatura se desarrolle y lo alimenta por espacio de un tiempo hasta que el bebé crezca, y principalmente le sirva de refugio. Lamentablemente, el propósito de la madre como refugio, ha dejado de existir...
Lo anterior niega las falsas conjeturas y justificaciones de las personas que soportan el aborto, aduciendo que un feto no es todavía un ser viviente, sino simples células que se han reunido. El orden de Dios es perfecto, y tanto las cosas como los seres humanos tienen un perfecto orden genético desde un comienzo. Una vez que algo es concebido, su naturaleza no cambia. Una fruta desde que comienza a formarse en el árbol, si la observamos, aún pequeñita, no tendremos duda que se trata de un limón, una naranja o un mango. Menciono estas frutas, pues las tengo en mi jardín y noto que cada una desde que nace, tiene una forma particular e inequívoca de su naturaleza y forma, bien sea de mango o limón. De la misma manera, un bebé desde sus comienzos, por más pequeño que sea, es un ser humano con todas las características y genes que determinan el color de su piel, la forma y color de sus ojos, y todas las características propias y únicas de un ser viviente.
Ciertamente, el aborto no es justificable. Resultando verdaderamente absurdo que personas influyentes e “inteligentes”, puedan querer y defender tal abominación.