Es interesante como la Navidad en los Estados Unidos comienza después del Día de Acción de Gracias, la última semana de noviembre y cada año la publicidad va en aumento para darle entusiasmo a la gente para que compre más temprano. Además de esta acelerada publicidad, las películas navideñas comienzan sin demora el primero de diciembre y lo más curioso es que casi todas se refieren a San Nicolás, Santa Claus o Father Nick, como si esta leyenda fuese el origen de la celebración más grande del año. Me parece inverosímil como las personas pierden la perspectiva de la realidad y una gran mayoría están más propensas a creer y sostener una fantasía sin sentido, elaborada alrededor de la figura legendaria de un monje Cristiano, que decidió darles regalos a los niños por Navidad. Esta historia que muy pocos conocen la han explotado para fines publicitarios de una manera simplemente absurda, haciéndoles creer a las mentes de los niños que existe alguien tan insensato que puede pasar por el pequeño orificio de una chimenea y que además vuela por los aires en un trineo guiado por venados. Es tan irreal que no puedo comprender cómo la gente en general se presta a mantener y seguir año tras año tal falsedad como emblema de Navidad y no les importa la confusión que crean en la mente de sus hijos y nietos. Me pregunto cuál es el interés de negar el verdadero origen de la Navidad y no querer reconocer nada menos ni nada más que la venida de Jesús, que su nombre bíblico es “Emmanuel, Dios entre nosotros”, y simplemente quieran negarlo o lo que es peor substituirlo con tal desfachatez por alguien que aunque existió, lo han vuelto una caricatura y convertido en algo importante o trascendental, en lugar del verdadero significado de la Navidad. ¡La conmemoración del día en que el Creador de todas las cosas decidió morar entre nosotros y dejarse conocer como el Niño Dios y Salvador, con el único propósito de volvernos sus hijos, librándonos de la maldición del pecado y poder tenernos con El eternamente en el cielo. Para ello por supuesto nos dio el “libre albedrío” por el cual podemos ser rebeldes y escoger ignorarlo, quedándonos a nivel animal, creyendo en fábulas y quimeras sin sentido como Santa Claus o simplemente renunciar a ese falso ego, que nos ciega y pretende hacernos creer que somos autosuficientes, al punto de negar al mismo que nos dio el entendimiento y substituirlo descaradamente por una figura legendaria que en verdad nadie conoce en realidad. Le invito a escribirme al correo: periodico@7dias.us |
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