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Publicado el 04-18-2004   enviar imprimir
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MARISABEL BLUMENTHAL

¿CÓMO PODEMOS COMPROBAR LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO?

MARISABEL BLUMENTHAL
¿Disfrutó de “Hamlet” en español?

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Desde el punto de vista humano es simplemente imposible creer en la “Resurrección”. Esto quiere decir que fue un acto sobrenatural al igual que Su crucifixión y muerte, habiendo podido soportar y sobrevivir la agonía del calvario. Una persona común hubiese sufrido de deshidratación, asfixia o de un paro cardíaco antes de llegar a la cruz.



Por otra parte, prácticamente todas las descripciones en los cuatro evangelios están de acuerdo acerca de la muerte y resurrección de Cristo. Además, hubo un gran número de testigos de que fue sepultado, resucitando al tercer día, y que apareció a Pablo, a los apóstoles, y a más de quinientas personas a la vez. (1 Corintios 15:56).



En Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24, Juan 20, todos coinciden en que “Al amanecer o muy de mañana, fueron María Magdalena y las otras mujeres y encontraron la piedra del sepulcro removida. Cuando entraron, todas vieron un ángel del Señor, el cual removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Al verlo, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: “No teman, sé que buscan a Jesús el que fue crucificado. ¡No esta aquí, pues ha resucitado! Recuerden lo que les habló cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.” Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a los discípulos. Y mientras iban, Jesús les salió al encuentro, y les dijo “…no teman...”



El evangelio de Juan explica, “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde estaban reunidos, por miedo de los judíos, vino Jesús, y apareció en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros, mostrándoles las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor... Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente... Porque me has visto, Tomás creíste, bienaventurados los que no vieron
y creyeron.”



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