“No se trata de una ética o una religión, ni siquiera de la tradición o rituales del cristianismo mismo, sino que se trata de un mensaje de Esperanza y de una verdadera sanación integral”. El Pastor Cho fue criticado por muchas personas y denominaciones cristianas. No obstante él dice: No retrocedí un paso, y continué predicando el mensaje de la fe en Jesucristo, el mensaje de Esperanza. Multitudes de gente se acercaron a mi iglesia para oír este mensaje. Algunas denominaciones nos criticaban por orar clamando en voz alta. Nos decían que la iglesia era un lugar santo y que no se debía clamar o alabar a Dios con palmadas y gritos de júbilo. A decir verdad la gente de clase alta y media no necesita llorar y clamar a Dios con todo el corazón. Pero mi iglesia estaba constituida por personas sin dinero, sin educación y sin respaldo alguno. Aquellos que se encuentran en un mundo de desesperanza, no pueden oír otra cosa que el mensaje de esperanza y consagrar su vida delante de Dios. Sin lágrimas, sería imposible para ellos dejar a un lado el estrés y la opresión de la vida. Por esta razón, les digo que está bien llorar delante de la presencia de Dios... Y todos los afligidos y necesitados venían y lloraban en la iglesia, a tal punto que la oración en unísono parecía un funeral y la alabanza, una fiesta, pues usábamos las palmas de las manos para alabar a Dios. Fue así, como la gente se quitaba el estrés y alcanzaba la paz del corazón. La salvación espiritual y la fe sólida en Cristo, hicieron que la congregación resultara en sanidad divina. ¡Dios vio nuestra fe y vino en socorro! Me di cuenta que lo más primordial para la gente era sembrar en ellos la semilla de la esperanza y de los sueños. Es por eso que no dudo en visitar lugares donde la gente necesita esperanza y sueños. He viajado lo equivalente a ochenta vueltas al planeta tierra. He estado en África, Estados Unidos, Europa, Latinoamérica, y en cada rincón del mundo, y supe que todos anhelaban la esperanza y sueños. ¡Por lo tanto podemos soñar sueños preciosos en Dios! ¡El pensamiento más fuerte que me ha dejado la lectura de este libro de David Yonggi Cho, es la atormentadora convicción de que solo hace falta una persona para cambiar al mundo! Si esa persona cree verdaderamente, puede reconocer la verdad en medio de una realidad contradictoria. La verdad es simple, Dios nos ama, somos su creación y por medio de su gracia y a través de su plan de salvación, donde Él mismo se encarnó en Jesucristo y a través de su Espíritu Santo nos convierte en sus hijos, ahora mismo, no después de la muerte o de sufrir penalidades. |
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