En muchos casos confundimos la amistad con depender de otra persona o lo que es peor competir con ella... ¡Pero muy por el contrario, se trata de aceptar y animar a la otra persona a ser lo mejor con sus habilidades y talentos! En otras palabras, apreciar a los demás y permitir que sean ellos mismos aceptándolos tal y como son, con sus diferencias tanto de personalidad como de temperamento. Cada persona es única y no podemos esperar que todos nos imiten o sean como nosotros. Debemos simplemente disfrutar de las diferencias y saber que cada persona tiene sus propias reacciones, apariencia, hábitos o gustos muy contrarios a los nuestros. ¡Por eso nos llamamos individuos! La variedad del ser humano es realmente interesante y algunos pueden ser introvertidos, dando la impresión de ser muy tranquilos. Otros pueden ser muy extrovertidos, pareciendo no tener mucha calma. Pero cualquiera que sea el carácter de la persona nunca será igual a otra. Aún nuestras huellas digitales nos distinguen y nunca han sido o serán iguales a otro ser humano. La verdadera amistad, se trata de valorar y hacer el bien a los amigos, favoreciendo a esa persona desinteresadamente. Sin embargo, no nos debemos exceder de los límites de lo justo y de lo honesto o confundir la amistad con tomar ventaja o aprovecharse de las otras personas. Una buena amistad por otra parte se caracteriza por el afecto personal, puro, generoso y recíproco que nace y se fortalece con el trato. Llegamos a disfrutar de la amistad cuando tenemos la madurez para aceptarnos a nosotros mismos y aceptar a otro tal y como es, sin desear cambiarlo, controlarlo o manipularlo de acuerdo a nuestro capricho o agenda personal. Esta verdadera amistad se consigue cuando finalmente confiamos y permitimos a la otra persona conocernos a cabalidad, sin engaños ni subterfugios. ¡Entonces estaremos dispuestos a entender a otros, teniendo un intercambio sincero de quienes somos! Cuando finalmente nos sentimos libres de nuestras ataduras, podremos también ser libres para dar y ofrecer amistad. Entonces tendremos la capacidad para discernir y decidir lo que más nos conviene. Esto incluye escoger lo bueno, que las otra personas nos ofrecen, por sobre todo lo malo a que estamos expuestos en este mundo... |
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