Para completar el tema de la semana pasada, debo mencionar un elemento que es de suma importancia para llevar a cabo la “imaginación”. Me refiero al vehículo que le dará forma a las ideas y conceptos que representan las imágenes que hemos trazado, con el propósito de lograr nuestras metas y propósitos. Como el título lo indica la “iniciativa” tiene un valor inapreciable por ser la llave para abrir la puerta de lo que ambicionamos. En otras palabras, es la pieza más importante para llevar a la práctica los ideales que hemos desarrollado en teoría en nuestra imaginación. Tal vez deba aclarar que en muchos casos se puede llegar a creer, que iniciativa es la facultad de obligarnos a comenzar algo, no importa que no tengamos ninguna inclinación para ello. Pero el caminar hacia una meta que en realidad no hemos siquiera imaginado, no tiene un sentido práctico y esta fuera de nuestro alcance –especialmente si nos mueve la moda, la vanidad o el ambiente que nos rodea-, lo cual nos alienta ha desear cosas fuera de nuestras habilidades, sin sentir una verdadera conexión La auténtica iniciativa proviene de nuestro ser interno, no puede surgir de lo externo, ni del ambiente, ni de otras personas. Es una fuerza superior que nos “inspira” para actuar en determinada dirección. Las personas tenemos una gran cantidad de sueños desde muy jóvenes y más tarde o más temprano nos encontramos con la disyuntiva de no saber cómo se pueden llegar a implementar. Por lo tanto, tendemos a dejar que la imaginación se duerma o se apague poco a poco hasta desaparecer, lo que da comienzo a una vida sin mucho sentido, carente de entusiasmo y sin ninguna inspiración para lograr nada en especial. ¡No podemos lograr metas, si carecemos de visión e iniciativa! La inspiración solo proviene del Espíritu de Dios, que con Su poder sobrenatural nos puede levantar para llevarnos a la inventiva que “mágicamente” le dará forma a las ilusiones y esperanzas de nuestra juventud. Cuando finalmente descubrimos que entregar nuestra voluntad a Dios, significa volver a encontrar los “deseos de nuestro corazón” los cuales, con el tiempo se habían escapado de nuestra imaginación. ¡Entonces la vida vuelve a comenzar, teniendo “vida y vida en abundancia”! La iniciativa, inspirada por Dios nos llena de un “especial incentivo” que nos impulsa a comenzar de nuevo, dando rienda suelta a la imaginación, la cual parecía haberse perdido con el transcurrir de los años y de las desagradables experiencias. |
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