Aunque esta pregunta debe ser muy sencilla de contestar en teoría, en la práctica es bastante complicada. Sabemos que si ejercemos la ley de tratar a los demás como deseamos ser tratados, las relaciones serian ideales y el problema estaría resuelto. Sin embargo no siempre las personas nos comportamos de esa manera, bien sea por experiencias desagradables en el pasado, por falta de amor genuino, atención o cuidado. En esos casos el ser humano puede reaccionar de manera adversa y no tener la capacidad de amar y desear lo mejor para los demás, por el contrario puede tomar la decisión de nunca confiar y mucho menos desear genuinamente el bien para nadie más. Esto explica de una manera muy simplificada, el comportamiento típico de muchas personas. Podemos ver que hay gente muy generosa y que comparte con un verdadero deseo de ayudar a los demás, demostrando un cariño espontáneo y aplicando esta “ley de oro” a todos por igual. Así también, encontramos personas que muestran desconfianza y tienen una manera de expresarse poco amigable, compartiendo muy poco de su vida, sin mucho calor en sus expresiones, con mucha cautela en lo que dicen, cuidando el demostrar afecto, amabilidad o interés en su trato para con los demás. La buena noticia es que no importa el pasado experimentado en nuestras vidas siempre existe la salida... siempre tenemos la opción de volver a nuestro verdadero Padre y refugiarnos en Su gran amor, el cual borrará como por arte de magia todo el bagaje que traemos de sinsabores, en mayor o menor grado. Por supuesto, para ello es necesario reconocer honestamente lo que sentimos: Los anhelos, frustraciones, adicciones, rebeliones, mecanismos de defensa o actitudes egoístas, que nos ayudan a protegernos de ese pasado que no pudimos controlar. En principio podemos seguir los pasos siguientes: • En primer lugar debemos enfrentarnos con responsabilidad a nuestras actitudes y comportamientos, resultado de carencias y desengaños. • Luego, entregar en oración, cada vez que ese pensamiento o actitud se presente. • Estar muy consciente de “preservar el corazón”, dejando ir y perdonando a quien nos trató mal, nos ofendió, nos engañó, reconociendo que esa persona ha pasado por situaciones similares y no puede dar lo que no tiene. • Aceptar honestamente la parte que nos corresponde en la actuación y reacción ante los comportamiento de los demás para con nosotros. • Entender a cabalidad el por qué atraemos a cierto tipo de personas y en qué nos parecemos o lo que contribuye en nosotros para darle entrada a esas personas. En conclusión, cada escogencia que hacemos en la vida es una semilla que plantamos y luego nos traerá ese mismo fruto como consecuencia... |
|








