Lo que realmente nos lleva a ser productivos se puede resumir en una frase, que lo explica con pocas palabras: “Somos productivos cuando la razón y la emoción convergen y se hacen las cosas por convicción propia”. Es decir que cuando el conocimiento y el sentimiento se unen entonces dan lugar a la verdadera acción productiva. Mientras la mente y las emociones son divergentes y lo que pensamos es diferente a lo que sentimos, estaremos en un constante batallar interno que nos lleva a una neutralidad o escepticismo, lo que en resumen, está en directa oposición a cualquier productividad, bien sea en el trabajo, las relaciones entre parejas, entre hijos, familiares o amigos. Somos productivos cuando podemos libremente expresar con palabras nuestros sentimientos, de esa manera le permitimos al pensamiento dar rienda suelta a la imaginación y creatividad de nuestros talentos, los cuales han sido diseñados por Dios de una manera particular y única –nadie más tiene la misma combinación de dones o configuración interna para hacer las cosas de la misma manera y Dios tiene un propósito determinado para cada uno... Cuando nuestra conciencia es libre de expresarse entonces el inconsciente la seguirá sin protestar... pero si lo que hablamos y sentimos no es paralelo, creamos una simple desarmonía entre ambas conciencias hasta el punto de no saber a ciencia cierta a quien seguir... En otras palabras, si no nos ponemos de acuerdo internamente, cómo vamos a pretender ser exitosos en las relaciones externas con los demás o en nuestros negocios, “no podemos pedirle peras al olmo”. La productividad está directamente relacionada con mantener la conciencia clara, sin subterfugios o manipulaciones, de esa manera no caeremos en nuestra propia red de elucubraciones, bien sea proveniente de malas experiencias o mala costumbre de esperar lo negativo e inconscientemente creer en el adagio, “piensa mal y acertarás”... Hasta qué punto caemos en esta ley diabólica, porque no viene de la bondad, la misericordia y amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros. Hasta cuándo le daremos energía a los pensamientos negativos de rencor, venganza, envidia o egoísmo y viviremos una vida miserable por años y años... Esto me recuerda un relato de dos personas que se libraron de los Nazis juntas y se vuelven a encontrar, se preguntan cómo están, uno dice pues me he superado, me casé y tengo hijos y soy feliz. Entonces el otro contesta, yo no puedo olvidar la vida en el “gheto” y los horrores que ví... El primero decidió agradecer a Dios por haberle salvado la vida y disfrutar de la nueva oportunidad. El segundo en cambio decidió seguir viviendo en el mismo sitio de donde salió y no quiere convencerse, ni cambiar... |
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