El adquirir sabiduría es un arte o una ciencia que se aprende durante toda una vida. Sabremos que hemos adquirido sabiduría, cuando nuestro propio entendimiento sobrepase el conocimiento intelectual obtenido. La mente es limitada y no puede sobrepasar los linderos del espíritu, donde reside la sabiduría, aun cuando se tenga un cociente intelectual muy elevado. La soberbia y la arrogancia son el enemigo número uno para obtener sabiduría. El hombre sabio es sencillo, amante de la verdad, y de un claro entendimiento. La sabiduría no es compatible con el engaño, ni el disimulo; nadie que se miente a sí mismo y a los demás, puede alcanzarla. ¡La sabiduría es hermana gemela de la verdad! Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que tiene entendimiento, porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos son más preciosos que oro fino o piedras preciosas; Y todo lo que un hombre puede desear, no se puede comparar a ella. ¡Largura de vida, riquezas y honra gozarán todos los que de ella echen mano, sus caminos serán caminos deleitosos, y en todas sus veredas habrá paz! La integridad y la justicia son la marca o atributos del sabio de corazón, y por la rectitud de hombres sabios los pueblos son engrandecidos. Más por el contrario, los altivos y orgullosos, carecen de entendimiento y empobrecen una ciudad. Porque donde no hay una dirección sabia, el pueblo se deteriora y perece. Más cuando los sabios gobiernan, hay seguridad y justicia en toda la nación ¡Porque sus deseos son de bien, y sus pensamientos son para mejorar, engrandecer, y proteger a los demás! El ignorante es soberbio, porque solo busca los caprichos de su corazón, y por supuesto no está interesado en el bienestar de nadie más. Mientras que el sabio tiene entendimiento para pensar más allá de sí mismo, pudiendo brindar y compartir su fortuna también con los demás. ¡La senda de los sabios es como la luz de la aurora, que va en aumento, hasta que el día es perfecto! En cambio el camino del altivo e ignorante es como la oscuridad, no saben en dónde están, ni a dónde van, ni por qué tropiezan. ¿De qué sirven las riquezas en las manos de un hombre, si no tiene el entendimiento para adquirir sabiduría? |
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