El próximo lunes se conmemoran cinco años del ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono. Esta tragedia ha sido sin duda la peor en la historia de este país y desde entonces la vida no ha sido la misma.
Desde aquel martes 11 de septiembre el tema de seguridad ha pasado a ser prioritario y los esfuerzos del Gobierno se han centrado en la lucha en contra del terrorismo. Han pasado cinco años sin ataques en suelo americano y eso es un gran triunfo del Gobierno por las medidas implementadas.
Países como Gran Bretaña, España, Indonesia, Jordán, entre otros, han sufrido la furia del grupo Al Qaeda a quién se le atribuyen los atentados del 9-11. La creación del Departamento de Seguridad Nacional o DHS por sus siglas en inglés, la Ley Patriota, los controles en los aeropuertos y lamentablemente el endurecimiento a las medidas en contra de los inmigrantes han sido algunas de las decisiones más importantes que ha vivido el país, pero sin duda alguna la mayor fue la determinación de comenzar la guerra contra el terrorismo.
Primero fue Afganistán para desarticular el soporte que Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda, recibía del gobierno Talibán. Se combatió en la difícil topografía afgana, en las innumerables cuevas de Bora Bora y a pesar de haber desarticulado ese gobierno que permitía el libre tránsito de bin Laden y sus milicianos, no ha sido posible dar con la captura del terrorista saudí. Quizá como muchos dicen, la operación Enduring Freedom, fue necesaria pero quedó inconclusa, pero como había que mostrar resultados el Gobierno estadounidense emprendió la segunda fase de la lucha contra el terror, el ataque a otra de las piezas del “eje del mal”, Saddam Hussein.
Si el Gobierno del presidente Bush acertó con la incursión en Afganistán, se equivocó en comenzar una guerra preventiva contra un enemigo que si bien es cierto constituía un peligro para la estabilidad de la región, no lo era para el pueblo estadounidense. Hoy, a 1,820 días de los ataques donde murieron 2,973 personas entre las que fallecieron en las Torres, el Pentágono y los cuatro aviones, han muerto más soldados americanos en las guerras contra el terrorismo; 2,647 en Irak, 333 en Afganistán sin contar los soldados muertos de otros países de la coalición, 19,323 soldados americanos han sido heridos en combate en Irak y 851 en Afganistán, 5,323 policías y militares iraquíes han perdido la vida y se ha comprobado la muerte de 46,307 civiles aunque una publicación británica estima la cifra en 100 mil.
Han muerto en estos años de guerra más americanos que los que murieron en los ataques del 9-11, más civiles que los que pudo haber asesinado Hussein, el responsable de los ataques sigue vivo, la red terrorista Al Qaeda sigue operando, Irak vive una guerra civil y todos los días siguen muriendo personas indefensas y lamentablemente nuestros soldados continúan expuestos a las balas enemigas.
El Gobierno a través de su Secretario de Defensa ha defendido su postura y considera que lo hecho en Irak es parte de la estrategia contra el terrorismo y pretender una retirada en estos momentos sería como un triunfo para los enemigos de la paz. El presidente Bush ha decidido jugarse su capital político con miras a las cruciales elecciones de noviembre y ha comenzado una serie de intervenciones ante la prensa para atacar a quienes están en contra de la continuidad de las tropas en Irak.
Creo que tanto el Gobierno como el pueblo deben hacer una distinción en los temas terrorismo e Irak.
Irak no fue responsable de los ataques terroristas del 9-11, ninguno de los terroristas era de esa nacionalidad, Saddam Hussein no financió a Al Qaeda y el territorio iraquí no era campo de entrenamiento de los terroristas. El objetivo inicial de la guerra en Irak NUNCA fue el de desmantelar el terrorismo, fue un ataque preventivo en la eventualidad de la existencia de armas de destrucción masiva que Estados Unidos aseguraba poseía Hussein. El Gobierno presentó las pruebas necesarias para justificar su intervención, pero en ningún momento se trató de invadir para acabar con grupos terroristas o células implicadas en el 9-11.
Hoy, todo se justifica con la excusa de la “lucha contra el terrorismo”. El tema de deportar a los indocumentados, el de las licencias de conducir y tantos otros que afectan a la comunidad inmigrante, surgió de la cruzada emprendida el 12 de septiembre de 2001 y como Irak, cada vez que alguien se opone se desbaratan los argumentos usando el tema de seguridad nacional.
Los ciudadanos debemos hacer esta distinción, una cosa es Irak y otra muy diferente es el terrorismo, puede que muchas personas las confundan por tener al pueblo musulmán como protagonista, pero ni el tema del Líbano, ni el de Palestina y mucho menos el de Irak son iguales.
Entiendo la preocupación del Gobierno en reconocer una equivocación –por no decir una serie de equivocaciones–, sobre todo en plena carrera electoral, pero la verdad es que si un día lo hace, va a ser más fácil resolver el problema que hoy tenemos en Irak. Hay que darle la razón al Gobierno que es casi imposible salir corriendo y dejar todo el desorden que se armó, pero el Gobierno tiene que dar la cara y decir que cometió un error y hay que buscar la salida más decente para evitar seguir ocasionando y poniendo las víctimas.
Han pasado cinco años y para ser honestos estamos perdiendo la guerra, no hay que atacar a la administración, hay que rodearla, porque no todo ha sido malo, pero sí pedirle la grandeza de corregir.
Hoy estamos más seguros, no porque hubiéramos atacado la raíz del problema, lo estamos porque aprendimos a vivir con el mismo y a ser más vigilantes, porque hay más controles y se invierte en seguridad, pero no necesariamente porque se esté librando una guerra contra los terroristas y eso es importante que lo entendamos porque hasta que no usemos los recursos atacando al enemigo correcto, difícilmente volveremos a dormir tranquilos.