La semana pasada los periódicos El Nuevo Herald y Miami Herald despidieron a los periodistas Pablo Alonso y Wilfredo Cancio, a la reportera Olga Connor y al columnista Carlos Alberto Montaner por haber recibido dinero del gobierno americano en contraprestación a su trabajo en Radio y TV Martí.
Este despido no sólo ha generado la indignación de la comunidad de Miami, en especial el exilio cubano, sino en los medios periodísticos del país.
El Miami Herald y El Nuevo Herald pertenecen a la empresa McClatchy que recientemente adquirió la anterior dueña del prestigioso Knight Ridder.
Como ustedes saben Radio y TV Martí son estaciones propagandísticas del gobierno americano que dirigen su señal a territorio cubano desde un avión C-130, con el ánimo de dar a los ciudadanos de la isla una visión diferente a la del régimen de Fidel Castro.
El conflicto que se ha presentado es inspirado en las bases periodísticas que la información debe ser objetiva y no recibir dinero por emitir sus opiniones. El Miami Herald y el Nuevo Herald, consideran que sus periodistas expresaban sus opiniones por lo general anti-castristas y en alguna forma recibieron dinero por hacerlo.
Para los periodistas trabajar en Radio y TV Martí es sólo un trabajo periodístico más, y que si los contrataban era porque las directivas de Radio y TV Martí consideraban su opinión importante para ser escuchada por los cubanos de la isla, y que su remuneración era el pago normal por su trabajo.
Sin embargo, para las directivas de los periódicos, el hecho de recibir el dinero del gobierno americano condicionaba su opinión y violaba la ética del periódico.
Para algunos analistas este es comparable con el de un periodista que trabaja en su tiempo libre en una empresa y al día siguiente escribe una columna hablando bien de la misma. Existiría un conflicto de intereses que por lógica lo inhibiría de mencionar la empresa que le paga, así este pago sea simbólico, para favorecerla.
Hasta ahí yo encontraría lógica la decisión de los diarios, pero si estos dos periodistas fueron contratados por el gobierno americano fue porque conocían explícitamente su opinión en contra de Castro. Radio y TV Martí no contrataría a un periodista que sea favorable al régimen, los periodistas implicados no cambiaron su opinión o fueron aleccionados sobre qué decir en contra de Castro o a favor del exilio, ellos han sido desde antes fieles a su pensamiento y por esa posición seguramente escribían en el diario de Miami.
Cosa diferente sería si ellos hubieran hablado bien de Radio y TV Martí y el periódico se hubiera sentido engañado por ello, pero siempre supo de su participación en la estación proselitista y quizá lo que ignoraban era las remuneraciones.
Me parece que la posición de los periódicos no es justa y ha suscitado una “cacería” de brujas”, pues en la “lista negra” de periodistas que recibieron pagos del gobierno aparecen otras importantes figuras de los medios en el Sur de la Florida.
Si Jorge Ramos escribe una columna en este periódico y expresa sus pensamientos y decide trabajar para Radio Martí o para Radio Habana Cuba, para mí es indiferente, lo que sí me preocuparía sería saber que Ramos defiende una posición a favor de La Habana y recibiera dinero de Fidel o igual que hablara bien del presidente Bush y estuviera en la nómina de la Casa Blanca.
No es hora de rasgarse las vestiduras, esto a quien más beneficia es al régimen castrista, este escándalo ha sido como un tónico fortalecedor para la precaria salud del mandatario cubano que ve cómo, así esté débil y enfermo, sigue ganando batallas. Los periódicos deberían reconsiderar su posición y reintegrar a sus periodistas y colaboradores si se comprueba que nunca fue “comprada” su conciencia y que sólo estaban cumpliendo con su deber, y el haber recibido dinero del gobierno solamente se trató de un pago cualquiera por la prestación de un servicio.
LA HERENCIA HISPANA
Agradecemos los comentarios recibidos a raíz del editorial de la semana anterior. Ha sido importante la opinión de líderes comunitarios y en general de los lectores sobre hechos que ponen en peligro la continuidad de las publicaciones hispanas. El respaldo de la comunidad es la muestra que las decisiones tomadas por el Comité de la Herencia Hispana no son aceptadas por la mayoría de los hispanos residentes en el área. Lo que sí molesta es que Tampa Hispanic Heritage quiera minimizar los hechos y darle a la comunidad una imagen de “aquí no ha pasado nada”, quieren presentar los hechos como una “tormenta en un vaso de agua” y esto es más serio de lo que ellos mismos piensan, y los medios no van a ceder.
Las publicaciones hispanas tienen muy claro que lo que buscan no es llevar su producto a los eventos o tomar fotos en los mismos. Esto es un problema de principios, y los principios no son negociables. Hay un contrato, una decisión desconociendo el trabajo de los medios hispanos y un perjuicio que afecta directamente a negocios que han contribuido al crecimiento de la comunidad de Tampa.
Esperamos que esto sirva de precedente para evitar que estas situaciones se sigan presentando y que el medio americano siga proponiéndolas.
Como dijo Sor Juana Inés de la Cruz: “¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar?”