La semana pasada el Senado aprobó por mayoría la ley que permite la construcción de un muro de 700 millas en la frontera con México. La propuesta HR 6061 fue aprobada por 80 Senadores entre los que se encontraban los de la Florida, Bill Nelson (Demócrata) y Mel Martínez (Republicano). 19 Senadores negaron la propuesta, –18 Demócratas y el Senador Republicano Lincoln Chafee de Rohde Island–. El Senador Demócrata Edward Kennedy se abstuvo de votar. De los ocho Senadores de los estados fronterizos sólo uno, Jeff Bingaman Demócrata de Nuevo México, se opuso a la construcción de la cerca.
La aprobación de la ley del “muro de seguridad” ha generado mucha controversia, en especial porque para muchos los 1.2 billones de dólares que se estima costará el muro es un dinero tirado a la basura.
Hace unos años me pasé a un vecindario con restricciones; sin culpa, el jardinero que cortaba el pasto se pasó con su tractor y cortó un poco el del vecino. Esa tarde mi vecino pasó y me puso la queja, lo que originó mi observación al jardinero. Una semana más tarde nuevamente el jardinero cortó un poco el prado de mi vecino y al llegar a casa me esperaba la visita del mismo con su queja. No, esta vez encontré el límite entre los dos lleno de banderitas para limitar su terreno y al día siguiente recibí una carta de la junta de Administración de la que él era miembro.
Pese a que entendí la molestia del vecino y le ofrecí disculpas por el hecho, no consideré amistoso ver el terrero como un festival multicolor lleno de banderas. A la semana siguiente el jardinero decidió hablar con el vecino y comentarle la dificultad que tenía en dar la vuelta de su tractor, y que el corte de su prado no era intencional.
Ese día el vecino quitó las banderas y decidió hacer algo que me sorprendió, contrató a mi jardinero. A partir de entonces fuimos buenos amigos, su jardín como el mío se veían bien, y mi jardinero se convirtió en el jardinero de la asociación de vecinos recomendado por el mío.
No hay nada más difícil que aprender a vivir en comunidad, y sinceramente si mi vecino me construyera un muro porque mis hijos se pasan a su casa, yo lo pensaría, en especial porque la excusa que da es que los vecinos del otro barrio le quieren hacer daño, pero que el problema no es conmigo.
Con este muro estamos dividiendo a América, hoy podemos pensar que a Estados Unidos no le interesa nada del Río Grande para el sur. Creer que un muro es la solución de seguridad nacional es absurdo.
¿Por qué nadie ha pedido promulgar una ley para evitar el ingreso de droga a este país? Por donde entra la droga pueden entrar armas letales y quienes la trafican pueden ser terroristas, pero el Congreso no está interesado en que no entre droga clandestinamente al país, le interesa que no entren los mexicanos.
Para el Congreso la frontera peligrosa es la Sur, la Norte no, los terroristas se mueren de frío y no pasan por Canadá, es más, los ilegales canadienses, porque también hay de esa nacionalidad, no son el problema –casi todos son blancos de ojos azules–, el problema tiene nombre propio.
Pero la construcción de un muro no es solución, la solución está en las manos de los legisladores, está en la reforma migratoria, en una ley completa que permita legalizar a los trabajadores que ya están en el país, que multe a las empresas que los contraten y que busque una solución de visas para trabajadores temporales.
Nos hemos acostumbrado a botar el dinero en la guerra que 1.2 billones no nos parecen nada, pero aquí el único beneficiado con el muro será el contratista que lo haga.
En un mundo abierto, sin fronteras, donde los países están derribando los muros que los separan y tendiendo puentes de amistad y de comercio, la construcción de una cerca no es lo más amistoso. Nosotros nos podemos encerrar en una cajita de cristal, pero mientras no cambiemos nuestra política exterior, no viviremos seguros.