La victoria demócrata de la semana pasada fue muy diciente, fue una protesta a la forma como se está conduciendo el país. Aquí la gente no votó por un partido, votó en contra de unas ideas. Aquí se votó realmente contra la forma como se está desarrollando la estrategia en Irak, se votó contra la posición de varios candidatos en contra de los inmigrantes, contra el abuso de poder y la corrupción. Parecía improbable que republicanos moderados apoyaran a candidatos demócratas, pero lo más increíble es que conservadores que apoyaron la guerra, cambiaran su posición y resolvieran pedir una solución inmediata al conflicto.
Esta elección la perdió el partido republicano solito, no fue mucho el esfuerzo demócrata, fue más la preocupación del pueblo de la acumulación de poder en Washington y la posición radical de muchos de los candidatos.
Los hispanos salieron a votar, aunque no hay aún cifras oficiales, CNN proyectó en 8.6 por ciento la votación de la comunidad, un poco más que la registrada en las presidenciales de 2004, pero la sorpresa fue el cambio del voto latino en estos dos años. En las elecciones que reeligieron al presidente Bush, el 42 por ciento de los hispanos votó republicano y 55 por ciento lo hizo demócrata. Pero en esta oportunidad el 73 por ciento votó demócrata y solamente un 26 por ciento lo hizo por el partido del Presidente. Este amplio margen tuvo una explicación.
En anteriores elecciones la comunidad hispana votó por temas como la seguridad, los impuestos y en general la economía, en esta ocasión muchos ciudadanos americanos de origen hispano se sintieron ofendidos por lo que consideraron un ataque no sólo a los inmigrantes sino a su ancestro, a sus orígenes.
A los candidatos republicanos se les fue la mano, el tema de deportar a los indocumentados no dio resultados y muchos candidatos que apoyaban estas medidas perdieron sus elecciones y otros ganaron por estrecho margen, pero aprendieron la lección y saben desde ya que su ratificación en las próximas elecciones podrá depender del voto de un hispano.
La empresa Edison Media Research que realiza encuestas a la salida de las urnas indicó que el 57 por ciento de los votantes quiere darle a los indocumentados una legalización y sólo el 38 por ciento desea su deportación. Este es un gran aval para los nuevos legisladores.
Pero la gran pregunta es ¿Y ahora qué?
La mayoría demócrata facilitará la introducción de una ley de alivio que permita la legalización de indocumentados que cumplan varios requisitos y desde luego la aprobación de un programa de trabajadores huéspedes que ha propuesto el Presidente.
El partido republicano de la mano del senador Mel Martínez, el nuevo líder del partido, sabe que si quiere recuperar a los votantes hispanos no se podrá oponer y todo lo contrario, va a fomentar una reforma benévola para no dejar que sean los demócratas los que se ganen la lealtad de la comunidad. No hay que cantar victoria, hay que trabajar más duro, hablar con los congresistas, con los senadores y hacer todo el lobby político para que lo más pronto posible se empiece el trámite, porque lo que no puede ocurrir es llegar a las elecciones de 2008 sin una solución.
Y uno de los objetivos en estos dos años es lograr que más personas se puedan hacer ciudadanos, que se registren, participen en política y desde luego que voten. No importa que partido político escojan, lo importante es que aprendan del proceso, que analicen bien las opciones y luego hagan su elección pensando siempre en lo mejor para el país, para su familia, para usted y su comunidad.
Yo creo y a lo mejor pienso más con el deseo que con la lógica, pero en el 2008 la elección va a ser diferente, vamos a ver a candidatos de parte y parte coqueteando a la comunidad, atrás van a quedar los Minuteman, los Sensenbrenner, Tancredo y tantos otros. Muchos de ellos van a cambiar el discurso y no se nos haga raro que veamos a candidatos que hasta la semana pasada nos atacaban, promulgando el apoyo y buscando la manera de alcanzar nuestros votos. El senador republicano Mel Martínez y el gobernador demócrata Bill Richardson son dos propuestas fuertes para la vice presidencia y aunque estamos muy lejos de las elecciones hay que empezar a ver el panorama para poder definir la estrategia a seguir.
La lección que dejan las elecciones es que cada vez más los votantes buscan los temas por encima de los partidos, cada vez más la franja independiente crece y los dos partidos tradicionales se dividen entre radicales y moderados polarizándose, lo que genera un grupo de centro que no está de acuerdo con los principios básicos de su partido. Estamos viendo demócratas en contra del aborto y republicanos más tolerantes con los matrimonios entre homosexuales, que siguen participando en las elecciones en representación de uno u otro partido pero que reaccionan más a su electorado que un postulado partidista.
El mundo cambia, México ya no tiene la hegemonía de un partido, en Colombia los partidos tradicionales ya no son mayoría en el Congreso, en Venezuela ya no se piensa en COPEI o Acción Democrática, la gran mayoría de los países democráticos tiene Presidentes que han llegado al poder gracias a coaliciones y solo nosotros nos estamos quedando con una hegemonía compartida de dos instituciones que llevan desde 1792 una y desde 1854 la otra sin mayor modificación en su ideología.
No está lejano el día que en una misma balota votemos por un Presidente de un partido y vicepresidente de otro, o que ese grupo de centro opte por formar una tercera opción democrática que tanto hace falta para neutralizar la polarización de los partidos tradicionales.