Indiscutiblemente, el gran ganador de las elecciones del domingo pasado fue el pueblo venezolano. A pesar de los rumores de disturbios, de violencia y abstención, el pueblo venezolano se comportó como lo debía hacer, responsable, pacíficamente, y en forma masiva asistió a la cita con la democracia.
Ganó Chávez. Si hubo fraude o no, esa parte no es importante, ganó con los votos suficientes para refrendar su presidencia. La oposición entendió que un 60 por ciento del país está conforme con Chávez y lo respalda, pero Chávez entendió también que casi un 40 por ciento no aprueba su gestión.
Ganaron las encuestas a las que muchas personas no les creyeron. Ganó Rosales que se convirtió en una alternativa y en el jefe de la oposición al nuevo gobierno.
Perdieron los violentos, los que querían ver a Venezuela sumida en un caos. Perdió la oposición que se dio cuenta que los errores cometidos en el pasado le dieron aire al chavismo, que no todo el mundo piensa igual que ellos. Perdió Colombia que ve a esta nación hermana como su principal enemigo; las FARC, pueden seguir teniendo albergue seguro en el territorio venezolano. Perdió el gobierno del presidente Bush que tendrá que aguantarse otros seis años la impertinencia de Chávez y esfuma la posibilidad de una intervención debido al apoyo popular demostrado hacia el mandatario venezolano.
¿Qué queda ahora? Chávez debe reconocer que existe una fuerza opositora a la que debe respetar y a la que tiene que tener en cuenta, que tiene seis años para trabajar en pro del pueblo, que debe dejar de meterse en la política de otros países, de regalar el dinero de los recursos que le pertenecen a su país, de “cazar” peleas con otros mandatarios y de seguir retando a Estados Unidos.
Rosales debe mejorar su carácter si quiere ser el verdadero líder opositor. El domingo pasado a la hora de votar su actitud era la de un perdedor, si quiere seguir adelante debe tenerse más confianza y reflejarla para darle confianza a sus seguidores. La oposición debe seguir unida y no volver a cometer el error del año pasado cuando le entregó en “bandeja de plata” el Congreso a Chávez al no presentarse a los comicios argumentando falta de garantías. Los grupos de oposición deben tratar de no caer en la tentación de acercarse al gobierno para ganar espacio que ayude a sus intereses políticos. Más de uno estará pensando “cambiarse” de bando para no quedarse otros seis años fuera del reparto burocrático.
Los opositores tienen que tratar de recuperar gobernaciones, alcaldías y curules en el Congreso para poder construir una alternativa. Y todos nos tenemos que conformar con lo ocurrido, no buscar excusas y reconocer que Chávez no es bruto y que ha trazado su estrategia cuidadosamente y le está dando resultados. Son seis años y si le va bien, podrán ser doce. Sólo Chávez tiene la respuesta, si hace un buen gobierno seguirá con el respaldo, si no le cumple al pueblo la oposición podrá ser la alternativa.
Por ahora toca sanar las heridas y seguir adelante, Venezuela no será igual a partir de hoy.