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Publicado el 12/14/2006 9:59 PM EST
El fin de una era
La muerte del General Augusto Pinochet abrió todo un debate sobre el tema de derechos humanos, pero quizá con ella se logre cerrar un capítulo de la historia de Chile y se sanen las heridas de un país que demostró estar polarizado.
Quizás a Pinochet se le debería juzgar por el momento que vivió, no es justo criticarlo 30 años después, las decisiones que tomó las tomó por la difícil situación que vivía el país. Nadie puede desconocer que se cometieron atrocidades, desapariciones y abusos. Era otra época, el enemigo entonces era el comunismo. La guerra fría, Cuba, y los brotes revolucionarios en Centroamérica y en el cono Sur, se alzaban como un peligro para la región. Washington vio con buenos ojos que los regímenes militares lograran estabilizar la situación y cerraron los mismos para no ver los métodos usados para lograrla.
Si existieron violaciones o abusos, el mundo fue cómplice, quizá porque a buena parte de él no le interesaba que la semilla de Moscú se esparciera por un territorio que parecía vital por estar en el mismo hemisferio de Estados Unidos.
Pinochet fue sin lugar a duda un hito, tendrá su lugar en la historia y sólo ella lo juzgará. Lo que sí hay que reconocer es que Chile es lo que es hoy, por su gestión, el trabajo económico y social de su gobierno han convertido al país en uno de los más estables, más próspero y con mayor futuro del continente y ese es un legado del dictador.
Le faltó grandeza a la presidenta Bachelet para darle honores de jefe de estado, porque eso fue Pinochet, un jefe de estado. Ella sufrió en carne propia la tiranía y era ella la que debió haber dado ejemplo para buscar una reconciliación en el pueblo y no llevar a una mayor polarización. Ojalá que ahora no sea su familia la que sufra la persecución del estado como parte de una retaliación.
Varios países que sufrieron violencia de parte y parte, establecieron leyes de perdón y olvido para salir adelante y no quedarse en un pasado que sólo logra despertar odios y venganzas.
Hoy muchas personas condenan el pasado, pero en su momento alabaron y admiraron lo que hizo. Dios quiera que su muerte logre ir mitigando el dolor de las familias de los desaparecidos y que día a día la sociedad chilena asimile los hechos y los tome como parte de su historia y sobre estos errores construya un mejor país.



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