Aunque estamos en plena Copa América, no estamos hablando de Julio César Uribe el técnico de la Selección peruana, sino del presidente de Colombia Álvaro Uribe. Sí, hay que dejar que Uribe haga lo que prometió cuando salió elegido por abrumadora mayoría en el año 2002; acabar con la guerrilla en Colombia.
Hace unos días ante la muerte de los once diputados fue lastimoso ver como algunos criticaban al gobierno de un asesinato que solo tiene un culpable, la mente demencial del grupo terrorista de las FARC. Absurdo, que el ex presidente Samper atacara públicamente al Presidente colombiano y lo sindicara de ser el responsable y pidiera una investigación.
A Uribe no lo han dejado jugar, está atacado por algunas organizaciones no gubernamentales, la oposición, los grupos de izquierda y presionado por el gobierno americano, el francés, la comunidad económica, los periodistas del Nuevo Herald y muchos otros.
A nadie le cabe en la cabeza que el primer ministro francés con menos de una semana en el poder hubiera exigido a Uribe liberar al “canciller” del grupo guerrillero, Rodrigo Granda, buscando la liberación de Ingrid Betancourt. Nancy Pelosi pidió más participación de las minorías y Uribe nombró a una mujer afro americana como ministra de la cultura, para congraciarse con la líder de la mayoría que pedía resultados en materia de derechos humanos.
Uribe está entre las acusaciones de vínculos paramilitares, presiones del Congreso de Estados Unidos, zancadillas del partido liberal, calumnias del partido de izquierda, escándalos en el Congreso colombiano y la desunión en su movimiento político.
A pesar de contar con la popularidad y la confianza del pueblo, Uribe no está gobernando y el principal motivo por el que fue elegido, no se ha cumplido. El mérito del Presidente ha sido devolverle la confianza no solo a sus ciudadanos, sino a los inversionistas, pero la gente quiere resultados y Uribe no ha desmantelado a la guerrilla, puede que estos movimientos hayan estratégicamente replegado su accionar, pero su capacidad está intacta, sus cabecillas siguen operando y no ha caído la gente del secretariado o alguno de sus principales líderes.
Lo de la muerte de los diputados fue un golpe al país, se mató la esperanza, ese día en la tristeza que se vivía por la derrota en el Senado de la reforma migratoria, la noticia del crimen llegó como un baldado de agua fría a quienes creemos que Colombia tiene futuro.
Álvaro Uribe es el aliado más importante en la región, estratégicamente localizada, Colombia es la única nación que puede detener el avance de la izquierda promovido por Chávez, debilitar a Uribe es sembrar en sus opositores la confianza de buscar sucederlo y establecer un gobierno más benévolo con las guerrillas izquierdistas.
El Congreso no debe limitar las ayudas o el TLC, como piden los demócratas a avances en temas que ni siquiera acá estamos considerando en esta guerra contra el terrorismo. Uribe debería enviar a los detenidos de la guerrilla a Guantánamo con los mismos derechos y condiciones que tienen los detenidos de Al Qaeda y con eso el Congreso demócrata no podrá quejarse que se están cometiendo en Colombia atentados contra los derechos humanos. Si a Uribe le siguen atando las manos, los que van a ganar son los guerrilleros.
¿A usted le parece admisible que culpen al gobierno y tenga eco internacional el hecho que la guerrilla secuestre a 12 personas, las tenga en cautiverio 7 años, encadenadas muchas veces, asesine a 11 de ellas y se diga que la responsabilidad de la muerte es compartida porque el gobierno no ha accedido a entregarse al grupo guerrillero?
Lamento lo ocurrido, he rezado por las familias de los secuestrados, expresado mi solidaridad y compasión, pero no hay nada que justifique un secuestro, no se puede negociar con criminales y el Estado colombiano no puede ceder a sus pretensiones. Los secuestrados son mártires de la patria, los que acaban de morir deben ser elevados a esa dignidad, han muerto por Colombia, pero nunca se puede pedir que se entregue a todo un pueblo para salvar la vida de unos pocos por importantes que ellos sean.
Uribe debe actuar para lo que se le eligió, para acabar con la guerrilla y aunque sabemos que la mejor manera de acabarla es con un acuerdo de paz, mientras la guerrilla no esté debilitada NUNCA se va a sentar a la mesa a negociar.
Yo soy un hombre de paz, pero si yo o alguno de mis hijos estuviera secuestrado, no pediría al gobierno entregar nada a cambio, ni lo culparía por no hacerlo. Es injusto con Uribe culparlo, cada voz en su contra es una voz de aliento a los violentos.
Colombia necesita ayuda, y lo menos que Estados Unidos puede hacer es dilatarla o condicionarla, dejen jugar a Uribe, que es el mejor delantero que ha tenido Colombia en toda su historia.