Hace unos años la figura de Fidel Castro surgía como mediador entre los gobiernos del continente y quienes buscan su desestabilización. Castro actuó en la liberación de secuestrados y la resolución de conflictos entre países. Quizá la fuerza de Fidel radicaba en que precisamente él había sido el patrocinador de esos grupos o el desestabilizador de esos gobiernos.
Ahora que Castro desapareció de la escena mundial, surge como “salvador” el gobernante venezolano Hugo Chávez. Como ustedes saben, Chávez se ofreció a trabajar por un acuerdo humanitario entre la guerrilla izquierdista de las FARC y el gobierno colombiano, que conduzca a la liberación de los secuestrados que por años mantiene en su poder el grupo subversivo.
A Chávez se le ha acusado de proteger en su territorio a los guerrilleros y en especial a la cúpula militar de las FARC, fue famoso el caso de la detención en territorio venezolano del “canciller” de las FARC, Rodrigo Granda, que poseía documentación legal otorgada por el gobierno de Caracas y asistía públicamente a eventos en representación de esta organización, calificada por el gobierno de Colombia y otros países como grupo terrorista.
Ahora, Chávez se convierte en la única esperanza que tienen las familias de lograr un acuerdo entre las partes que permita la liberación de los secuestrados, él ha ofrecido su territorio para facilitar los diálogos, ha usado sus conexiones con el secretariado de las FARC para buscar un acercamiento y amnistió 40 presuntos paramilitares que cumplían condena en cárceles venezolanas, para congraciarse con el gobierno del presidente Uribe.
Hugo Chávez podría lograr lo que ni el gobierno de Francia, ni la iglesia, ni la comisión de notables colombianos, los gobiernos de Pastrana y Uribe, han logrado. Hacerlo sería su mayor triunfo diplomático y lo pondría como el gobernante de mayor influencia en la región. Ganaría prestigio ante la comunidad internacional, el apoyo del primer ministro francés Nicolás Sarkozy que ha buscado afanosamente la liberación de Ingrid Betancourt y sobre todo el agradecimiento de las madres y las familias de cientos de soldados, concejales, candidatos presidenciales y demás secuestrados que llevan años en la selva esperando una solución para poder volver a abrazar a sus seres queridos.
Chávez sabe lo que esto significa y le va a apostar todo para lograrlo, tiene un argumento poderoso para hacerlo -su chequera- y otro fundamental para persuadir a las FARC, que de una u otra forma aunque no se ha comprobado, Venezuela sirve de refugio para la cúpula militar de este grupo guerrillero y perder el apoyo de Chávez es perder esa seguridad de esconderse de las fuerzas militares colombianas que vigilan la frontera.
Si Chávez no logra la liberación de los secuestrados no la logra nadie y muy seguramente, al gobierno de Colombia le sale más barato una negociación con Chávez de intermediario, que una donde las balas sean el único interlocutor.