El domingo se marcó un hito en la historia política de esta nación. Por primera vez los candidatos a la presidencia de un partido debatían en directo por una cadena nacional. Univisión demostró no solo su fuerza como grupo mediático sino la fuerza del voto hispano. Este no será ni el primero ni el último debate, será solo el principio de lo que podemos significar en las urnas los hispanos.
Una nación con casi 18 millones de votantes hispanos de los cuales la mitad de ellos se espera lo hagan en las elecciones de 2008, debe tener en cuenta a esa fuerza electoral que no puede seguir siendo ignorada. Ya a los hispanos no se les conquista con palabritas en español, ni con “La Cucaracha”, ni comiendo tamales en los eventos públicos, aquí hay que enamorar a los hispanos con los temas que más les interesan y responder a ellos con la claridad que todos queremos.
Muchos de los hispanos que vivimos acá somos inmigrantes recientes, que aún recordamos las viejas formas politiqueras de nuestros países, eso no es lo que queremos oír, eso ya lo sabemos de memoria. Esos candidatos que recorrían los pueblos ofreciendo puentes donde no habían ríos, escuelas sin contratar maestros o alumbrado donde no llegaba la luz, son los que nos vienen a la memoria, los demagogos que juegan con las ilusiones y hacen promesas que nunca van a cumplir.
En la noche del domingo vimos un poco de eso, vimos candidatos que no respondieron a las preguntas realizadas por los presentadores de Univisión, -ambos columnistas de este periódico. Pero ni María Elena Salinas ni Jorge Ramos lograron llegar “Al Punto” y los candidatos se fueron por las ramas evadiendo comprometerse.
Si a mí me preguntan quién ganó, yo diría que ganaron los que van perdiendo, es decir, aquellos a quienes las encuestas les dan poco favoritismo, Dennis Kucinich y Mick Gravel, que fueron de frente y dijeron la verdad, hablaron duro y no eludieron las preguntas. Ellos que no tenían nada que perder fueron más francos que los favoritos que solo contestaban sin comprometerse.
De lejos, Bill Richardson es el candidato que mejor maneja los temas, solamente tuvo el desliz de hablar en español cuando ya había aceptado las reglas del debate que no lo permitían, para no dar ventaja a ninguno de los candidatos.
Ninguna de las tres estrellas demócratas se anotó un punto que le colocara al frente de sus competidores, pero lo que sí cabe destacar es que valía la pena ver un debate con un candidato afro americano, una mujer y un hispano, acompañando a los candidatos anglosajones, algo que nunca en la historia de esta nación se había visto.
Para muchos lo del domingo es una muestra de la pluralidad del país, de la participación de todos los grupos en la política y la verdad es que hay que abonarles a los demócratas esa parte y el haberse hecho presentes al debate. Solo el candidato Joe Biden no aceptó presentarse a última hora, quizá para no perder votantes o porque no le interesa la comunidad.
Ahora falta ver el resto del encuentro, el que se jugará en la cancha republicana que debe ser mucho más interesante que el de esta semana. Si los republicanos no aceptan el debate (solo John McCain ha confirmado hasta el momento), será una muestra del desinterés por nuestro voto y una confirmación de que la corriente antiinmigrante cada día ejerce mayor influencia en el partido de gobierno. Yo creo que los republicanos van a ver que a los demócratas no les dolió su participación, que no se afectaron y que de esta forma enamoran más a este poder electoral que en noviembre del año próximo puede ser decisivo en la elección presidencial y en la nueva conformación del Congreso.
Ya los republicanos se dieron cuenta que la inmigración no es solo el único tema de la agenda latina y a lo mejor se animan a participar.
No acudir a un debate en Univisión sería un error político de un partido que nunca antes había necesitado los votos hispanos como los necesita ahora. Desconocer a nuestra comunidad es tanto como escribir su propio epitafio.