La semana pasada 7DÍAS reportó una denuncia sobre un posible caso de estafa en contra de un grupo de aproximadamente 50 miembros de la comunidad e igualmente registró la estafa de una empresa que ofrecía solución a los problemas de pago de hipotecas y a la postre terminó quedándose con las viviendas de sus clientes.
Es lamentable que la gente viva a costa de la desgracia de otros. No puedo entender que una persona no pueda conseguir un trabajo decente en este país y que quiera, como sea, apoderarse del dinero que con sufrimiento se ha ganado otro. Lo peor de todo es que la gente que hace este tipo de fraudes es gente de nuestra comunidad, hispanos como nosotros que seguramente han sufrido los mismos problemas de sus víctimas.
¿Qué podrá sentir una persona que sabe que el dinero que recibió, el mismo que despilfarró en el casino, fue producto de la venta del carrito, de los ahorros de toda la vida o de un préstamo en el banco? ¿Qué sentiría el estafador en su yate tomando cerveza sabiendo que la compró con el sudor y la sangre de uno de los suyos?
Se debe tener mucha sangre fría para tener la poca vergüenza de estafar a los más necesitados.
Jugar con la angustia de la gente, con su desesperación, con las ilusiones, es un pecado imperdonable, quizás esta gente se pueda salvar de la justicia de los hombres pero tenga la seguridad que no lo hará de la divina.
Señores, por favor NO hagan negocios con desconocidos o conocidos que les prometan “el cielo”, trabajen con profesionales reconocidos, con gente establecida que tenga buena reputación en el mercado. Desconfíen de todos los que les digan cosas que estén fuera de la ley.
En este país NO HAY ATAJOS, aquí uno no se salta la fila, no entra escondido por la puerta de atrás, aquí se castiga el delito y tarde o temprano se descubre. Si alguien le ofrece un documento que usted sabe que es fraudulento, no lo acepte. Lo más seguro es que pierda la plata y nadie le va a responder.
Lo peor del caso de la estafa del señor que ofrecía solucionar los problemas migratorios, no fue que les robara los $8,000 o $12,000, lo peor es que puso en bandeja de plata su caso, nombre y dirección a la oficina de inmigración que hoy debe estar preparando su orden de deportación.
Píenselo dos veces cuando le propongan hacer algo que no es correcto, mida las consecuencias y piense que es mejor dormir tranquilo haciendo las cosas “derechitas” que buscando “quiebres” que no conducen a nada bueno.
Lo hecho, hecho está, lo único que queda ahora es denunciar a los estafadores para que la comunidad se prevenga y este tipo de personajes sufran el castigo de la ley. Denuncie, quizás esa es la mejor forma de protegerse de amenazas y deportaciones. Este país es justo y a veces por castigar al delincuente hace concesiones especiales con quienes los denuncian.
No se deje engañar, desconfíe, pues aunque piense que vivimos en un país de leyes, acá hay más estafadores que en nuestros propios países, que juegan a que a usted le dé miedo y se quede callado para que ellos puedan seguir delinquiendo.