La semana pasada el general retirado Ricardo Sánchez quien fuera Comandante de las tropas de la coalición en Irak en el 2003, expresó su comentario sobre que la guerra en Irak era una “pesadilla sin un final a la vista”. Sánchez el oficial hispano que ha alcanzado mayor rango durante la guerra, considera que los errores políticos y de estrategia fueron los causantes de esta situación.
Una invasión realizada sin planificación, sin conocimiento de la realidad política, que a la caída del régimen de Saddam Hussein no aprovechó unir a los jefes tribales y haber nombrado un gobierno civil a tiempo según declaró Sánchez a los medios. Sánchez no cree que las cosas puedan mejorar, cree que Washington está en un callejón sin salida, pero no tiene otra opción más que continuar. Mientras el general Ricardo Sánchez, que fue retirado por el escándalo de torturas en la presión de Abu Grahib hablaba con la prensa, el presidente Bush justificaba los “interrogatorios especiales” realizados en Irak debido a la seguridad nacional.
Irak, no -solo es una pesadilla para el gobierno, también lo es para el país-. La imagen de una nación respetuosa de los derechos humanos ha ido quedando atrás y cada día vamos pareciéndonos más a los regímenes que criticamos. Quizá nos estamos dando cuenta de algo que habíamos ignorado, que a veces los gobiernos tiene que ir más allá para lograr la estabilidad del mismo o la seguridad de sus ciudadanos, quizá hoy entendemos un poco a Pinochet o a Fujimori, pero lo que sucede es que si justificamos el uso de la tortura y los “interrogatorios especiales” corremos el riesgo de quedarnos sin autoridad moral para juzgar a otros.
Irak es nuestra mayor pesadilla, su costo en vidas, en dinero y desprestigio es algo que la historia lo juzgará, pero por ahora lo que tenemos que hacer es buscar la forma de retirarse causando el menor daño para la imagen del país, la seguridad del mismo y desde luego al pueblo de Irak.