La semana pasada el presidente Bush habló nuevamente sobre la necesidad de tener una Cuba en libertad. No había acabado el discurso cuando el canciller cubano Felipe Pérez Roque estaba respondiendo a lo que consideró una amenaza y expresó que una intervención en Cuba sería una “guerra de 100 años”.
La transición en Cuba ya empezó y no nos hemos dado cuenta. Fidel Castro está muerto, puede que su corazón siga latiendo, quizá puede que sea él quien escribe los editoriales del Gramna, pero Castro no es el que manda en Cuba, ni es su hermano Raúl, a quien seguramente también le queda poco tiempo.
La dictadura de los Castro está llegando a su fin y este es quizá el mejor momento para forzar una transición a la democracia.
No sé si la amenaza del Presidente sea la mejor manera de realizar los cambios. China es comunista, los presos políticos chinos siguen en sus cárceles, pero el sistema está cayendo y nadie podría decir hoy en día que China es la misma de Mao. China está girando a occidente y muy pronto los cambios económicos harán que lleguen los cambios políticos.
En 1982 el presidente Reagan amenazó con vender armas a Taiwán, 10 años más tarde Bush padre vendió F-16 a Taiwán para provocar la ira de los chinos y hoy 15 años más tarde, lo que estamos vendiendo a China son productos y tecnología, y hay un comercio entre los dos países, y a Taiwán ya no se le vende, ni se le compra casi nada, pues el amigo de ahora es el enemigo de antes. A Wal-Mart no le preocupan las violaciones de los derechos humanos y los chinos ahora son “comunistas buenos”. Lo cierto es que la llegada de las empresas americanas está logrando lo que ya se logró en la Unión Soviética cuando Reebock, McDonalds, Coca-Cola y otros, lograron derrumbar el muro del comunismo.
Necesitamos una Cuba libre, es urgente la transición para lograr que el pueblo cubano viva en democracia, para que los cubanos en el exilio puedan volver a abrazarse con sus familiares en la isla y puedan enarbolar juntos su bandera.
La revolución de la república del pueblo en China es 10 años mayor que la cubana y muy seguramente durará otros años, pero la próxima década -si no antes- estaremos hablando de una China libre, de un pueblo en libertad y esperamos que con Cuba la cosa sea igual.
A los cubanos que les tocó sufrir en carne propia los abusos del régimen, les cuesta trabajo aceptar que el embargo necesita revaluarse y cambiar porque no está funcionando como funcionara en el pasado.
Europa hace negocios con Cuba, Canadá y otros países del continente igual y no nos engañemos, empresas americanas hacen negocios con la isla. Hace unos años la gente que visitaba Cuba se preguntaba cómo vendían los rollos fotográficos Kodak en La Habana si existía el embargo. ¿Qué pasó? Una multa a Kodak, un par de juicios y nada más. Hay cientos de empresas que triangulan el envío de mercancías a sabiendas que el destino final es Cuba, hay cantidad de personas que se han enriquecido con el tráfico ilegal, ¿o es que los empresarios que venden jugadores a las grandes ligas no tiene montado un negocio millonario? Hay mucha gente haciendo dinero, trabajando con las esferas corruptas del gobierno, todo a espaldas del embargo del gobierno americano y lo peor, sin beneficio para el pueblo cubano.
La caída definitiva del régimen se producirá cuando se abra la economía cubana y sea el pueblo el que busque su propia revolución, la revolución de las oportunidades.
Castro va a morir como está muriendo su revolución, por eso hay que aprovechar este momento para lograr los cambios con las nuevas generaciones de la camarilla que al final son quienes tienen el control de los hilos del poder ahora.
La revolución cubana es como una hoguera que se está apagando rápidamente y se puede avivar cuando cometemos el error de soplar fuerte. Amenazar como se hizo la semana pasada, lo que le da es aire al gobierno y permite que el sentimiento nacionalista busque una unidad ante el invasor.
Ojalá que sea Dios el que guíe a nuestros dirigentes para tomar las mejores medidas para que al fin Cuba sea un pueblo libre.