La historia de Pedro y el Lobo (“El Pastorcito Mentiroso”), aquella que cuenta que un niño jugaba asustando a los pobladores que cuidaban el rebaño con que “venía el lobo” y al final, cuando realmente vino nadie le creyó
La historia de Pedro y el Lobo (“El Pastorcito Mentiroso”), aquella que cuenta que un niño jugaba asustando a los pobladores que cuidaban el rebaño con que “venía el lobo” y al final, cuando realmente vino nadie le creyó, es lo más parecido a lo que en una u otra forma pasó con el huracán Charley.
Años viendo cómo la gente corría a comprar comida y prepararse para evacuar y nada, el huracán terminaba por desviarse y todos quedábamos desilusionados con las latas, tablas, agua y demás almacenadas en la bodega. Esta vez fue lo mismo y por fortuna para muchos pero desgracia para otros, el huracán como el lobo de Pedrito, sí vino.
Tuve la oportunidad de recorrer las calles de Punta Gorda el pasado Sábado, mucha destrucción, en especial en los hogares más humildes y lo mismo pasó en Arcadia y en otros lugares donde la gente nunca pensó que llegaría la violencia de Charley.
Por más que hemos avanzado, por más que la tecnología puede predecir el rumbo de las tormentas, la naturaleza es más grande que nosotros y nos da sorpresas como la del Viernes anterior.
Yo viví la angustia como muchos de mis lectores. No estaba en una zona de evacuación, pero a las 2 de la tarde lo que parecía bueno para la zona de Pinellas y Tampa, se convertía en tragedia para quienes estábamos al sur a pocas millas del camino de la fuerza de los vientos de la tormenta. Como todos, nos encomendamos a Dios y buscamos refugio en el único lugar sin ventanas de la casa esperando lo peor, pero por fortuna la fuerza de Charley no llegó como hubiera podido suceder.
Lo triste, es que nadie pudo preveer la trayectoria con tiempo suficiente para que algunas personas en Punta Gorda, Port Charlotte se hubieran preparado y mucho menos se pensó que poblaciones como Arcadia sufrieran los daños que tuvieron.
Nada que hacer, somos un granito de arena en este mar cósmico, indefensos y por más poderoso que pueda ser este país, no puede competir con el poder de la naturaleza. Los meteorólogos podrán seguir avanzando en sus pronósticos, pero el capricho de los vientos nos jugará de nuevo alguna otra mala pasada.
Ahora solo queda ayudar, pues muchos de los damnificados son hispanos y son ellos los que más necesitan.
El otro huracán
Si Charley hizo estragos en la Florida, el huracán Hugo arrasó en Venezuela. La máquina electoral y según la oposición el fraude, llevan a Chávez a estar en el poder hasta enero de 2007.
La agonía del pueblo venezolano se prolonga y lo mejor, una vez pasen las investigaciones sobre irregularidades en los conteos de votos, será que la oposición reconozca la derrota y permita que el país cicatrice sus heridas y avance. Eso no quiere decir que abandone su lucha, sino todo lo contrario, que la organice políticamente, que nombre un líder, un abanderado que el pueblo reconozca y que se convierta en la carta para derrotar a Chávez en las elecciones de 2006.
Da tristeza decirlo, pero ganó la voluntad del pueblo, no dudo que Chávez usó miles de fórmulas para ganar adeptos y por qué no, seguramente usó la maquinaria electoral para aumentar los números, pero ante Venezuela y el mundo, el de Chávez sigue siendo un gobierno legítimo.
Lástima por nuestros hermanos venezolanos, en especial los que han tenido que abandonar su tierra por las circunstancias políticas a las que la ha llevado el presidente, sólo queda esperar la próxima contienda, replantear la estrategia y volver al ataque.
Como seguramente ya dieron lectura al artículo de la primera página, desde esta semana circulamos con el Tampa Tribune, una experiencia interesante que esperamos sea favorable para nuestros lectores y para la comunidad hispana, pero ante todo un compromiso que debemos sacar adelante.
Mucha suerte y a nuestros nuevos lectores, ¡cordial bienvenida!