Por fin el gobierno escuchó las voces de las empresas y los pobres contribuyentes que desde hace meses estaban gritando a voces que la economía estaba mal. No era un secreto que las ventas estaban bajas, que el desempleo estaba creciendo, pero cada oportunidad que tenía el Presidente hablaba de la solidez de la economía y que aquí no estaba pasando nada. Quizá podía tener razón pues en el círculo donde se maneja el alto gobierno no importa si el galón de gasolina se tiene que pagar casi un dólar más alto que hace dos años, que el mercado de la vivienda está parado o que ya no le dan las mismas horas a la gente de trabajo que le daban hace apenas un año.
Pero lo importante es que ya el Presidente está tomando medidas aunque la solución de un “reembolso” de $600 a cada persona o de $800 a la pareja, es como poner una curita en una herida de gravedad. Algo es algo y lo que se ve es la buena voluntad de la administración y del Jefe de la Reserva Federal para tratar de evitar o aminorar una recesión.
Lo cierto es que necesitamos tomar medidas de fondo pues la verdad es que si a uno le “regalan” $600 no es mucho lo que puede mejorar la economía. Lo que necesitamos todos es que se reactive, que la gente compre casas, que haya más trabajo, construcción, ventas. Que circule el dinero y que todos veamos las empresas con la confianza de invertir porque el futuro está claro y despejado.
La guerra por ejemplo, nos cuesta anualmente tanto o más que lo que el Presidente quiere dar de reembolso. Hay que frenar ese gasto, si bien no se puede del todo, hay que empezar a disminuir el dinero para apoyar la intervención en Irak, pues no podemos seguirnos endeudando para pagar una guerra que cuando se inició no nos pertenecía y que ahora nos hemos ganado por pura obstinación del gobierno.
Las medidas de fondo además del control del gasto deben ir encaminadas a generar más empleo y consumo.
Qué pasaría si se legalizaran 12 millones de indocumentados en este momento. Cuántos de ellos saldrían a comprar vivienda, carros, seguros, y tantas otras cosas que no han podido hacer por falta de papeles. Ese sería un efecto que podría impulsar el consumo y disminuir el inventario de viviendas que actualmente está frenado y así permitir que las empresas de construcción vuelvan a reactivarse y con ello disminuir el desempleo.
Ese fenómeno no se vio a la hora de rechazar la propuesta migratoria, pero hoy se puede discutir pues lo que está pasando ya estaba anunciado y la gente no quiso darse cuenta entonces.
Ahora que el discurso de los candidatos a la presidencia ha cambiado, que ya el peso de la inmigración está bajando, quizá pueda ser el momento para tocar el tema. Hoy todos están más pendientes de ver cómo solucionan el problema principal que es el económico y los indocumentados están pasando a segundo plano.
No cantamos victoria, pero los favoritos en este momento en los dos partidos son candidatos más inclinados a legalizar que los que están interesados en deportar. Si la contienda electoral de noviembre fuera entre McCain y alguno de los demócratas, seguro que una propuesta de legalización para incentivar la economía no sería nada utópico y por el contrario sería una solución real y no un remedio casero como el plan del Presidente.