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Publicado el 03/06/2008 8:34 PM EST
A Chávez se le cayó la máscara
Con la muerte del segundo hombre en importancia de la organización guerrillera FARC quedaron evidenciadas muchas cosas, la principal, la activa participación del presidente Hugo Chávez en el conflicto armado que vive Colombia.
“Raúl Reyes” abatido en un bombardeo el sábado pasado en territorio ecuatoriano, tenía más de 50 órdenes de captura. En Paraguay estaba sindicado por secuestro y posterior asesinato de Claudia Cubas la hija del presidente paraguayo Raúl Cubas en diciembre de 2006. “Reyes” figuraba como autor intelectual de la masacre de Bojayá donde murieron quemados 119 civiles refugiados en una iglesia bombardeada con un cilindro de gas lanzado por la guerrilla. “Raúl Reyes” mantenía la línea dura de las FARC, era el culpable de acciones terroristas, secuestros y de la relación de la guerrilla con el narcotráfico como fuente de financiación.
El domingo con sus declaraciones en el programa Aló Presidente, Chávez le dio una bofetada más al pueblo de Colombia al rendir un homenaje y solicitar un minuto de silencio a la memoria del “líder revolucionario”. Quizás a Chávez se le olvidaron los muertos de Bojayá, los del Club El Nogal, los miles de colombianos que han caído por las balas asesinas del grupo terrorista. La muerte de un ser humano es dolorosa sin importar lo bueno o malo que pudiera haber sido, pero Chávez tomó partido pues su dolor era el de un miembro de las FARC que expresaba su pesar por el asesinato de un camarada.
Los datos del “computador de Reyes” son un indicio de un vínculo que todos sospechábamos. El compromiso de Chávez con la guerrilla va más allá del ideal bolivariano. Su reacción bélica, sus palabras desobligantes para con el presidente Uribe fueron una muestra de su rabia por haber perdido a una pieza clave de sus ambiciones imperialistas.
La acción militar del sábado realizada por Colombia fue un ejemplo más de las relaciones de los gobiernos de izquierda con los grupos alzados en armas colombianos. Ecuador solo denuncia al gobierno de Colombia por haber invadido su territorio violando la soberanía, pero no cuestiona qué hacía la guerrilla en su país, ¿era acaso que la toleraba o protegía como sugieren los mensajes encontrados en el computador de “Reyes”?
En los años 80 Colombia se quejó con una nota diplomática ante el gobierno de Venezuela por las incursiones en “caliente” que realizaba el ejército de ese país en territorio colombiano persiguiendo a los guerrilleros. El hecho no pasó a mayores, no originó un conflicto internacional. La razón, a Colombia en el fondo le interesaba que Venezuela no se convirtiera en santuario para los subversivos y por el contrario los persiguiera así fuera en su territorio. Algo similar sucedió en Bayona, Francia cuando policías españoles secuestraron a integrantes de la ETA a comienzos de los años 80 y pocos meses después los liberaron sin mediar una situación desproporcionada como la que originó el gobierno ecuatoriano. La verdad es que el gobierno francés en el fondo se beneficiaba de la persecución de los grupos paramilitares españoles como el Gal pues su interés era desterrar a la ETA de su país.
A Ecuador no debe interesarle para nada que la guerrilla se establezca en suelo ecuatoriano, a no ser que tenga un compromiso con ella que desconocemos, pero para un gobierno normal este hubiese sido un incidente diplomático solucionable sin el alboroto que se ha armado.
El mundo de hoy condena al terrorismo, las FARC son una organización terrorista que está encontrando un paraíso en los países vecinos que toleran su presencia y la albergan. Para ella es muy fácil delinquir, matar, secuestrar, asesinar y cometer cuanta atrocidad quiera y salir corriendo, cruzar la frontera y sentirse protegida por gobiernos alcahuetas.
La comunidad internacional debe reaccionar y permitir perseguir a los terroristas donde estén. Nadie habla de invasiones o intervenciones en otros gobiernos, se habla solo de atacar a los grupos terroristas que han internacionalizado su accionar y la prueba fue la muerte de “Reyes” más allá de las fronteras. Colombia viene denunciando estos hechos hace varios meses pero siempre la respuesta fue que esto era una mentira más de Uribe, el “cachorro del imperio” según Chávez, pero a la postre se demostró que la mentira era de Correa, que resultó ser “el cachorro del imperio...venezolano”.
La OEA seguramente condenará a Colombia por la violación de territorio y se lo merece, pero debe condenar a los países que patrocinan el delito. La denuncia de Colombia deberá ir al consejo de seguridad de la ONU y no quedarse en la OEA donde los gobiernos de izquierda serán cómplices de la situación.
La guerra no es la mejor opción, no se debe llegar a estos extremos por graves que sean los motivos, pero el mundo debe respaldar a Colombia y a su pueblo porque son ellos los que están sufriendo los horrores del conflicto con las guerrillas izquierdistas.
Uribe no es un paramilitar, no es Pinochet, ni mucho menos Castro; Colombia tiene una democracia y el Presidente tiene el respaldo de la gran mayoría de su pueblo. El país está cansado de las FARC y cada vez que las demás naciones se entrometen en el conflicto interno agudizan la situación. Proteger a las FARC o respaldar sus posiciones es tanto como reconocer el terrorismo y aceptarlo. Las FARC tienen la opción de dejar las armas y pelear por sus ideales –si los tienen– en las urnas, sin secuestrar, violar, traficar con drogas.
Chávez ya se quitó la careta y el mundo se ha dado cuenta de lo que quiere, desestabilizar a Colombia con el ánimo de llevar al poder a las FARC por la vía militar y así completar el rompecabezas que está armando. No podemos dejar que logre el “sueño de Bolívar” apoderándose de los países a las malas utilizando la única capacidad que posee, su chequera.



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