Si usted va a Colombia en este momento encontrará otro país. La economía tuvo un crecimiento del 7.52 por ciento en el año anterior, el mayor desde 1978, 2 puntos por encima del promedio de América Latina, la delincuencia ha bajado (el crimen descendió 10 por ciento en los últimos 5 años) y los continuos golpes a la guerrilla izquierdista de las FARC han devuelto algo de tranquilidad a la ciudadanía. Colombia, a pesar de la desaceleración de la economía producto del efecto réplica por los problemas económicos en Estados Unidos, los altos precios del petróleo y la crisis alimentaria, vive uno de sus mejores momentos en la historia reciente. Pero contrasta el buen desempeño de su economía con los problemas políticos que afronta el gobierno.
El presidente Uribe posee el más alto grado de aceptación en la historia del país suramericano. Más del 70 por ciento de los ciudadanos respaldan su gestión y si se tiene en cuenta que van transcurridos casi 6 años de su mandato, el porcentaje no es nada despreciable. Uribe le devolvió a Colombia y los inversionistas la confianza perdida a fines de los 90 motivada por los problemas de corrupción, el avance de la guerrilla, la inseguridad y la inestabilidad económica. Colombia no parecía tener futuro pero el trabajo arduo de Uribe, sus colaboradores y una nueva generación de funcionarios y políticos cansados de las viejas prácticas, lograron el milagro.
Pero la felicidad no puede ser completa. Mientras la gran mayoría del país quiere un tercer mandato de Álvaro Uribe, los enfrentamientos continuos con la oposición y ahora con la corte suprema han estado alejando esa posibilidad.
Colombia está sumida en escándalos de vínculos de parlamentarios con grupos paramilitares que tiene a varios de ellos en la cárcel. Una congresista acaba de ser condenada a cuarenta y tres meses de prisión domiciliaria por recibir supuestamente prebendas para votar en el 2004 en favor de la reelección del presidente Uribe y para rematar la corte suprema de justicia cuestionó la legalidad de esa votación lo que enfureció al presidente, que en un claro desafío anunció que convocará a un referendo para repetir las elecciones de 2006 donde fuera elegido.
Si bien la corte no puso en duda la legalidad de la elección presidencial sino la aprobación de la reelección (cambiando la constitución), el presidente quiere poner fin a la discusión buscando que la amplia mayoría del país que lo respalda ratifique en las urnas su mandato.
En este maremágnum político están investigados funcionarios cercanos al gobiernos que a su vez acusan a los magistrados de estar infiltrados por los grupos paramilitares y de oposición. La procuraduría ataca, el gobierno ataca, el poder judicial hace lo propio y al final en Colombia nadie sabe quién tiene la razón.
Seguramente Uribe sacará adelante el referendo, se convocará a elecciones (que a propósito muchos piensan que deberían ser generales pues el congreso está igualmente cuestionado) y al final el presidente ganará la presidencia por cuatro años más extendiendo su mandato a 10 años, que si bien no son los 12 si ganara un tercer periodo, son otros dos años para tratar de dejar su proyecto de seguridad democrática terminado.
Por ahora el ambiente en Colombia es de preocupación pues el pueblo sabe que tarde o temprano la riña en las esferas del poder va a deteriorar la confianza y la economía y será el pueblo el que al final sufra las consecuencias.
Por ahora Uribe sigue firme a dar la pelea y ya se arma un bloque de “todos contra Uribe” en el que además de estar los partidos de oposición ahora de alinean los jueces y los organismos de control.
Uribe sin lugar a duda es un buen presidente, lo que parece increíble es que no exista ningún líder que pueda continuar su labor para no tener que pensar en un tercer mandato o en otras “soluciones” que a la larga generan este choque de poderes.