Este domingo se celebran 198 años de la independencia de Colombia. Realmente el 20 de Julio no se independizó el país suramericano, simplemente fue un acto simbólico donde la ruptura de un florero terminó con un grito que estaba apagado en la garganta de un grupo de intelectuales cansados de los abusos de la corona española. Esta elite tenía acceso a la información y sabía de la declaración de los derechos del hombre promulgada en Francia en 1789, y desde luego la independencia de las 13 colonias de la corona británica en 1776.
Ese puñado de patriotas decidió esa tarde salir de la casa de la familia Llorente, la dueña del florero y grito en cuello en la plaza principal decidió alentar a la población a sublevarse contra la tiranía.
Este domingo después de 198 años todo un pueblo saldrá a la calle a gritar como lo hicieron sus antepasados –otra vez con un grito de libertad– pero esta vez contra la tiranía de los grupos subversivos y la delincuencia común que se ha robado el derecho más importante, el primero que se encuentra en la lista de los derechos del hombre, “los hombres nacen y permanecen libres”.
Más de 200 años después de ser promulgada por la Asamblea francesa, esa frase retumba en las selvas de Colombia donde según las organizaciones antisecuestro hay más de 2.800 personas privadas de su libertad.
Cientos de ellas en las más aterradoras condiciones, en campos de concentración que evocan Auschwitz o Buchenwald. Atacados por los insectos, las culebras, las enfermedades y la soledad.
El ser humano primitivo, ese que mataba por supervivencia tenía más integridad que aquel que esclavizó a los judíos en Egipto, a los negros del África, o a los secuestrados en Colombia. Las FARC, el ELN, las autodefensas, perdieron los valores y para ellos la vida es solo una “moneda” más que se intercambia por dádivas, poder o dinero.
Escuchar las historias de los secuestrados, oír que dormían encadenados, humillados, torturados por otros seres humanos lo hace a uno pensar que a pesar de vivir en el siglo 21, la humanidad no ha progresado y seguimos actuando como lo hicieran los romanos hace 2000 años, o los portugueses, ingleses o españoles hace 500, o los nazis hace 70. El progreso no está dado en los computadores que usamos, o en el nuevo iPhone, o en la Internet, el progreso lo alcanzaremos cuando dejemos de actuar con la barbarie con la que actuamos.
Este domingo no solo los colombianos, sino aquellos que creemos que la libertad es el derecho más valioso que nos ha dado la vida, debemos marchar para decir no más al secuestro y exigir la libertad de aquellos que aún permanecen privados de ella.