Esta es la semana de los demócratas, todo comenzó alrededor de la una de la mañana del sábado cuando nos enteramos de la elección de Joe Biden como el compañero de fórmula de Barack Obama camino a la presidencia. El lunes empezó la Convención en Denver con un emotivo pero muy prefabricado discurso de Michelle Obama. Quizá los mejores momentos de la noche fueron la espontaneidad de Malia y Sasha que nos recordaron que la Casa Blanca no escucha la risa de los niños desde la presidencia de John Kennedy. Y la aparición de Ted Kennedy que hizo derramar lágrimas a los asistentes.
El martes fue la noche de Hillary con su frenético discurso de unidad que le da un espaldarazo a Obama. No ha sido fácil lograr unidad entre los seguidores de Hillary que esperaban ver a su candidata como nominada o por lo menos como compañera de tiquete. Después de verla en la convención donde más que una candidata perdedora apareció como si fuera la elegida, se entiende la decisión de los estrategas de Obama de no tenerla en la fórmula presidencial. Hillary no nació para ser segunda y su participación en un gobierno de Obama hubiese sido incómoda para el primer mandatario. Sería como tener dos presidentes al mando.
El miércoles Bill Clinton dio su empujoncito y luego Joe Biden aceptó su elección. Biden si bien no tiene capital político le aporta al candidato demócrata experiencia en temas internacionales y conocimiento del sistema político. Biden es locuaz y si se controla podría tener una buena participación en un debate de los vicepresidentes. Biden suma más que resta. No es el súper candidato pero a diferencia de Hillary Clinton que era la opción “ganadora”, Biden tiene menos resistencia y genera menos pasiones. Es un hombre con un pasado limpio, maneja muy bien a la clase media y puede garantizar los votos de un estado crucial como lo es Pensilvania.
El jueves el gran cierre ante 76,000 espectadores en el estadio de los Broncos, Obama aceptó la nominación y su slogan de campaña “Si, podemos”, retumbó en Denver y sacudió la nación. No se puede dudar que Obama tiene carisma, que genera fervor en las nuevas generaciones que han dejado de lado los prejuicios raciales y se identifican con él. Obama es el candidato del iPod, Facebook, Blackberry, los mensajes de texto y el nuevo lenguaje de las generaciones que están asumiendo el liderazgo.
Obama simboliza el futuro, la esperanza y por encima de todo la tolerancia. Este país es una de las democracias más sólidas del planeta, un país basado en la igualdad que ha luchado por los derechos civiles en todo el mundo. Estados Unidos ha peleado en su territorio y fuera de él por la libertad y la igualdad y para muchos la elección de Obama sería la muestra contundente que esos fundamentos del país no son solo retórica sino que son parte de la filosofía de nuestro pueblo.
Barack Obama puede recolectar 5 millones de dólares en una noche sólo con donaciones de $25 en Internet pues la gente que antes no votaba ahora tiene una ilusión. Sólo basta hablar con cualquier niño que no se deja influenciar por lo que lee en la prensa o lo que escucha en la radio conservadora y encontrarán que la gran mayoría de los estudiantes del país quieren a Obama como presidente. Lo mismo ocurre con algunos países europeos, asiáticos y latinoamericanos que lo ven como un líder que puede llevar a Estados Unidos por un nuevo rumbo.
Si Obama para mucho como dicen es el “Mesías” entonces ¿por qué está bajando en las encuestas? ¿Por qué la gente sigue dudando de su experiencia?
En condiciones normales esta elección sería muy favorable para los demócratas pues tenemos una economía en crisis, la guerra en Irak ha minado nuestra credibilidad, nuestros bolsillos y nuestra paciencia. El presidente tiene una imagen altamente desfavorable y el partido de gobierno sufre las condiciones y el desgaste natural, y por ende John McCain se salpica de los problemas de la administración Bush.
Sin embargo, Obama no ha podido explicar su programa, su agenda política. Sus discursos bonitos generan emoción pero no logran demostrar que tiene el liderazgo para manejar el país, para enfrentar los problemas económicos y hacerse cargo de las amenazas externas y crisis mundiales. Quizá Hillary Clinton logró sembrar la duda entre los electores y se convirtió en la principal vocera de los republicanos en esa tarea, pero ahora le toca deshacer el mal causado y buscar convencer que Barack Obama está preparado para “contestar el teléfono a las 3 de la mañana en la Casa Blanca”. Si el candidato demócrata no logra conectarse con los electores será muy complicado que logre la presidencia.
Está muy temprano y las encuestas empezarán a contar después del primer debate cuando podamos ver a los dos candidatos solos, sin asesores escribiendo un libreto, sin anuncios de televisión ni discursos prefabricados. Serán los debates los que nos digan quién es el mejor.
Por ahora que disfruten los demócratas que la próxima semana les toca celebrar a los republicanos.