La elección de la compañera de fórmula del candidato republicano John McCain fue toda una sorpresa. Sarah Palin no figuraba en los pronósticos de ninguno de los comentaristas políticos que barajaban nombres de personajes conocidos y de mucha experiencia. Nadie se imaginaba que los asesores de McCain fueran a arriesgarse por una figura nueva, desconocida y aunque con muchísimas capacidades, sin el conocimiento político de la escena nacional e internacional.
Para muchos la escogencia de Palin fue brillante, producto de una análisis minucioso de las necesidades electorales. Mujer, atractiva, inteligente, joven, ultra conservadora, con una familia numerosa, un bebé enfermo, un hijo a punto de ir a la guerra, sin las contaminaciones de Washington, mejor dicho no se podía pedir más. Era como si la hubieran mandado a hacer.
Para otros era un acto irresponsable de McCain escoger una mujer inexperta, sin capital político. Muchos creen que la decisión de seleccionar una mujer fue excelente pero la posibilidad que una política completamente desconocida pueda convertirse en la primera presidenta del país no era lo que ilusionaban las mujeres que apoyaban a Hillary Clinton o las que hubieran preferido a Condoleezza Rice, o a otras mujeres que han demostrado su grandeza y que por su trayectoria hubieran podido llegar a la primera posición de la nación.
John McCain es un hombre de 72 años, con un antecedente de cáncer de piel, muy maltratado en la guerra y por eso la escogencia de su vicepresidente era vital para muchos que saben que en cualquier eventualidad esa figura será la que tendrá que apretar el botón rojo, o enfrentarse a los líderes internacionales o tomar las decisiones del país más poderoso del planeta.
Así como muchas mamás conservadoras están felices porque ven que puede llegar a la Casa Blanca una de las suyas, hay otras que la critican por haber dejado a su bebé con Síndrome de Down, tres días después de nacido. Para ellas una mujer con niños pequeños y un recién nacido con dedicación especial debe ser muy irresponsable para aceptar un cargo de tanta responsabilidad y consumo de tiempo. Además y para complicar el panorama, la sorpresa del embarazo de su hija adolescente hace presumir que pueden aparecer otros esqueletos escondidos en el closet de la candidata.
A Sarah Palin hay que darle el beneficio de la duda, en el papel su experiencia no le favorece, un año y medio de gobernadora del estado número 47 en población (Alaska tiene casi la mitad de los habitantes del Condado Hillsborough) y alcalde de un pueblo más pequeño que Wimauma. Sin embargo, es una mujer luchadora, inteligente, reformista que seguramente se destacará en esta elección. Lo cierto es que de Sarah Palin se hablará mucho en las próximas semanas y si hoy nadie la conoce, antes del 4 de noviembre será una figura nacional y una de las mujeres más amadas u odiadas del país.