Terminaron las convenciones y comienza de verdad la carrera por la Casa Blanca.
Las dos últimas semanas nos han dejado varias experiencias. Un discurso de Barack Obama magistral. El cierre de la Convención Demócrata fue un espectáculo comparable con la final de un evento olímpico, lleno de emotividad que dejó a un partido menos divido de lo que estaba.
La estrategia republicana fue brillante al opacar el impacto del discurso de Obama con el anuncio de la elección de la gobernadora Palin como fórmula vicepresidencial de John McCain. Palin demostró en la convención que si bien no tiene experiencia, sí tiene ganas y que su elección milimétricamente planeada, aportaba la energía suficiente para impulsar al candidato. El discurso de Palin tuvo la audiencia del más popular de los programas semanales de televisión y se robó el show contrastando con la aceptación de su compañero el senador McCain que adormeció a más de un televidente.
McCain hizo lo que tenía que hacer. No es el orador consagrado, no tiene el manejo del escenario de Obama ni el carisma de Palin, pero en forma mesurada aceptó su compromiso dejando entrever que seguirá su línea y se apartará del partido. Quizás eso era lo que muchos queríamos ver, no fue tan contundente para no alarmar a los sectores conservadores, pero lo hizo.
En estas convenciones salieron ganando Obama, que se destacó como una celebridad, Palin que respondió a la expectativa, aclaro, que lo haya hecho bien no significa que tenga la experiencia necesaria para ser la Comandante en Jefe, y los estrategas republicanos que han dado vuelta a su favor a todos los contratiempos presentados.
¿Quiénes perdieron?, los hispanos, un par de referencias pequeñas de Obama y una menor de McCain. Latinoamérica, que pasó completamente desapercibida para los candidatos. El presidente Bush que parece perseguido por un conjuro, pues nadie quiere ahora ni tomarse una foto con él para no contagiarse de su mala imagen. La prensa que fue acusada por meterse en la vida privada de la gobernadora de Alaska. Y Joe Biden de quien ya nadie se acuerda de él.
Ahora, sin telepromter, sin personas que escriban sus discursos, sin espectáculo y al natural, tendremos la oportunidad de ver a los candidatos en los debates. El primero el 26 de septiembre, luego el de vicepresidentes el 2 de octubre, el foro comunitario el 7 de octubre −que a propósito estamos organizando con noticias Univisión-Tampa, “El debate después del debate”, un evento público que se realizará en Tampa para que la gente formule a representantes de los dos partidos las inquietudes sobre lo visto en el debate de los candidatos−. El último debate se llevará a cabo el 15 de octubre en Hempstead, NY.
Creo que esta es la mejor ocasión para que los electores indecisos, aquellos que no votan necesariamente por un partido en particular sino por las ideas, se formen una mejor opinión sobre las personas que regirán nuestros destinos a partir del 20 de enero del próximo año.
McCain ha demostrado ser un candidato sorpresa. El año anterior nadie daba nada por él y sin embargo, primero derrotó a los “pesos pesados” del partido, Rudy Giuliani y Mitt Romney, y luego ante la incredulidad de muchos, encabeza las encuestas.
Esta elección en condiciones normales era fácil para los demócratas que tienen en el mal manejo de la administración Bush su caballo de batalla. Con un pueblo descontento y ansioso de cambio, no era difícil pensar que los demócratas se tomarían Washington, pero ahora McCain que siempre viene de atrás, está convirtiendo ésta en otra elección que se decidirá por 'Voto Finish'. Ojalá que sea el voto hispano el que pueda inclinar la balanza a cualquiera de los dos lados y que el candidato que más comprenda nuestras necesidades sea el que se lleve la victoria.
Faltan un poco más de 7 semanas y prepárese para oír y ver lo inimaginable porque en una contienda tan cerrada, los improperios, ataques y suciedad nos van a dejar agotados y sin la capacidad de tomar una decisión apropiada pues lamentablemente los candidatos en lugar de hablar de sus propuestas se dedicarán a hablar de las de sus contrincantes.