Entre nuestros lectores se ha despertado una polémica sobre la decisión de la semana pasada, cuando la Corte de Santa Bárbara libró de cargos al cantante Michael Jackson por su supuesto delito de “acoso a un menor”.
Entre nuestros lectores se ha despertado una polémica sobre la decisión de la semana pasada, cuando la Corte de Santa Bárbara libró de cargos al cantante Michael Jackson por su supuesto delito de “acoso a un menor”.
Para algunas de las personas con las que he tenido la oportunidad de hablar, la decisión era justa, pues o no había evidencia o simplemente se trataba de un chantaje de una mujer con antecedentes en este tipo de prácticas, en busca de dinero, mucho dinero. Pero otros se mostraron decepcionados del sistema judicial y simplemente lo comparan con el de nuestros países donde la justicia es para los pobres.
La verdad, de una u otra manera las dos posiciones tienen razón. A Michael Jackson no lo hubieran acusado si no fuera la estrella que es y no vieran que había dinero y fama de por medio. Pero lo cierto es que si Michael Jackson se llamara Miguel y su apellido fuera Pérez o cualquier otro y no tuviera dinero, estaría hoy condenado a Cadena perpetua por los mismos cargos por los que Jackson ha quedado libre.
Si yo hubiera zarandeado a uno de mis hijos por la ventana, no hubiera durado ni una hora en la calle. Estaría acusado por intento de homicidio y me hubieran quitado a mis otros hijos, y deportado tan pronto pagara mi condena que no hubiese sido menor de 10 años.
No soy abogado, pero les pregunto, ¿estoy equivocado?
Cuántos padres hispanos han perdido sus hijos porque debido a sus diferencias culturales y a la falta de idioma, no han podido defenderse. Una cachetada, un correazo o una simple palmada, fueron las pruebas contundentes para que un padre perdiera a sus hijos frente al sistema de las cortes de familia, pero Jackson no tuvo problema, porque simplemente es una “excentricidad” de las estrellas del Pop.
Si a mí me encuentran durmiendo con un niño de 12 años que he invitado a la casa a jugar conmigo, estaría en la lista de depredadores sexuales y es más, si le ofreciera licor, no me salvaba de la cárcel nadie. Pero Jackson salió inocente porque sus abogados lograron demostrar que no había pruebas o que las mismas no eran contundentes y dejaban una “duda razonable”.
Entiendo la desilusión de la gente que quería ver a Jackson detrás de las rejas para que sirviera de ejemplo que aquí la justicia es para todos y no vale si se tiene dinero o si se es famoso. Tocará seguir esperando, cero y van dos, el primero fue O.J. Simpson quien salió libre contra todos los pronósticos debido a una buena labor de sus abogados.
Como diría uno de mis lectores que me increpó la semana pasada. Definitivamente, los abogados se ganan bien la plata, les pagan para leer muy bien la ley y usarla a favor de sus clientes. Y es cierto, lo que deja duda es si la ley se aplica por capacidad del defensor para desbaratar los cargos y las evidencias o la ley se aplica porque los acusados son culpables.
Los tecnicismos son muchas veces los argumentos que priman en estas decisiones, pero en la mayoría de las ocasiones los pobres no tiene el dinero para pagar un buen defensor que haga uso de esas “herramientas” y logre su libertad.
Espero que Michael Jackson haya aprendido la lección y deje de invitar a dormir a jovencitos y madure. Peter Pan es sólo producto de la fantasía y si Jackson sigue soñando con Campanita, un día va a terminar como el capitán Garfio en la boca de un cocodrilo.