Creo que nadie podrá olvidar la imagen del segundo avión de American Airlines penetrando en una de las Torres Gemelas y una hora más tarde ver desplomarse los símbolos de una ciudad y de un país, gracias al odio y a la intolerancia. Septiembre 11 no solo vive en la memoria por las 3000 o más víctimas, ese día cambió el mundo y las cosas no han sido las mismas y difícilmente volverán a serlo.
En estos cuatro años hemos emprendido una lucha contra el terrorismo, el causante de ese acto atroz. Cuatro años de lucha que han dejado más víctimas y menos resultados. Aunque tenemos un país más seguro, esto no se ha logrado por el esfuerzo en acabar con los responsables de sembrar el terror, nuestra seguridad ahora está basada en la fuerza de la ley y el control exhaustivo en los puertos de entrada.
Sí, nuestra seguridad ha mejorado porque ahora conocemos el peligro y estamos conscientes de él. Pero los terroristas lamentablemente siguen atacando donde menos se les espera y si bien no lo han hecho en casa, no quiere decir que no lo vuelvan a intentar.
El terrorismo trabaja así, siembra su miedo basado precisamente en eso, en el terror que produce no saber quién es el enemigo, cuándo va atacar o dónde. Madrid o Londres no se imaginaron que tendrían un ataque similar, Irak nunca pensó que sus habitantes vivirían en la zozobra como en Israel. La guerra se planteó pero contra el enemigo equivocado y ese enemigo sigue suelto y lo peor libre para atacar cuando menos lo esperemos.
Yo vengo de un país donde sufrimos a diario de ese flagelo, donde terroristas llenaron de sangre las calles de nuestras ciudades y campos, donde por años uno sabía que salía de su casa pero no estaba seguro de regresar, todavía seis años después de vivir acá, salto cuando escucho un ruido que me trae a la memoria el estallido de las bombas. Esa paranoia quedó grabada en la vida de los colombianos y nos marcó para siempre, por eso y sabiendo que la mejor arma del terrorismo es la confianza, debemos estar alertas porque cuatro años más tarde no hemos ganado la guerra y estamos muy lejos de hacerlo.
El presidente Bush dijo que esta guerra iba a ser larga y tenía razón, tampoco se equivocó en decir que los resultados no se irían a ver con la velocidad que la gente quería, pero sí se equivocó en pensar que acabando con los talibanes o con Hussein el mundo sería más seguro.
La guerra definitiva contra el terrorismo se acaba atacando el origen que lo produce, debemos trabajar por acabar el odio en lugar de fomentarlo, atacar el financiamiento a los grupos terroristas, ser consecuentes con nuestras posiciones porque no podemos seguir mandando mensajes de terrorismos buenos y malos, y trabajando en la inteligencia que es la mejor arma para derrotarlo, porque no son las bombas o las balas las que van a acabar con un enemigo que no conocemos.
Cuatro años después la economía se está levantando y el ánimo y la confianza han ido regresando, pero definitivamente han sido cuatro años de lecciones duras y sacrificios, de ilusiones rotas y cambios. Nuestra comunidad fue una de las víctimas del 9-11, las cosas han sido más difíciles en materia de inmigración y trabajo pero ya han pasado cuatro años y la gente ha sobrevivido. Ahora toca confiar en el país, trabajar para hacerlo mejor y respaldar al gobierno que nos necesita.