Es increíble, hace un año y medio yo echaba gasolina a 99 centavos y hoy tengo que hacerlo a más de 2 dólares. Las perspectivas no son las mejores y ya en algunos lugares del país, la cifra del galón se acerca a los 3.
Es increíble, hace un año y medio yo echaba gasolina a 99 centavos y hoy tengo que hacerlo a más de 2 dólares. Las perspectivas no son las mejores y ya en algunos lugares del país, la cifra del galón se acerca a los 3. Echarle la culpa al presidente sería injusto, pues desarrollar sistemas alternativos de energía, negociar las cuotas de los productores, etcétera, no son cosas que se hagan de un día para otro o que dependan necesariamente del gobierno de turno. Lo cierto es que el talón de Aquiles de la economía americana es el de los precios de los combustibles. Seguimos dependiendo de los productores, que países como Venezuela amenace con dejarnos sin petróleo y no poder hacer nada, que tengamos que hacernos los de la “vista gorda” con nuestros aliados árabes con tal que nos vendan petróleo. Y cuando digo esto, me refiero a que algunos de los países árabes no son muy diferentes a lo que hemos criticado de Irak o de Afganistán, en temas como los derechos de la mujer o los mismos derechos humanos.
Hace 4 años el presidente Clinton liberó reservas de petróleo para que bajara el precio y favoreciera la campaña de Al Gore, este año nos tocará vivir el calvario y racionalizar el uso de nuestro auto hasta finales de septiembre, cuando el presidente trate de asegurar su elección y busque la manera de bajar el precio del galón.
La elección no dependerá necesariamente de esto, pero todo lo que nos toque el bolsillo será definitivo.
Esta semana hemos visto en las encuestas cómo la popularidad del presidente baja en la misma proporción que los precios de la gasolina suben. Los últimos acontecimientos en Irak han influido para la desaprobación, pero lamentablemente la memoria del elector es de corto plazo y al final lo que cuenta es lo que pase en las últimas dos semanas antes de los comicios.
Viendo la intervención esta semana sobre el futuro de Irak, observo que este gobierno es de los que considera que las cosas se deben arreglar destruyendo el problema. Hace unos años cuando el narcotráfico tenía en jaque al gobierno colombiano el alcalde de Nueva York, Ed Koch, propuso bombardear la ciudad de Medellín para acabar la droga en Colombia; este gobierno bombardeó Afganistán e Irak para acabar el terrorismo y ahora el presidente propone destruir la cárcel de Abu Ghraib para erradicar la tortura en Irak. Esta interesante teoría de acabar un problema, es parecida a la del marido que decide vender el sofá porque su mujer lo engañaba en el.
Hace unos día el comediante Jay Leno, burlándose de John Kerry, decía que su campaña estaba “rompiéndose la cabeza” buscando argumentos para derrotar al presidente Bush, quizá un candidato más fuerte hubiera aprovechado la caída del presidente con todos los problemas que ha tenido para derrotarlo, pero como van las cosas no sabe uno a cual de los dos se le acabará primero la gasolina antes de noviembre 2.