A un año de la reelección del presidente Bush, las cosas no están en su mejor momento para su carrera. Primero fue Katrina y la falta de respuesta ante la tragedia. El Gobierno federal fue cuestionado y lo más importante fue criticado por el desinterés que mostró el Presidente en los primeros días de la tragedia.
Luego el líder de la mayoría republicana, Tom DeLay, fue acusado de conspiración criminal por presuntas violaciones a las leyes de financiamiento de campañas políticas.
La semana pasada la candidata del Gobierno para la Suprema Corte, Harriet Myers, renunció ante la posibilidad de no tener el respaldo del Senado para su ratificación. Pero sin duda el golpe más fuerte se produjo el viernes con la acusación del principal asesor del vicepresidente Dick Cheney, Lewis Libby, por mentir, obstaculizar una investigación federal y tres cargos más relacionados con la filtración de información confidencial.
A Libby, asesor muy cercano del Vicepresidente y allegado al presidente George W. Bush , se le acusa de filtrar la identidad de la agente de la CIA, Valerie Plame, esposa del ex embajador Joseph Wilson, que cuestionó de inexactas las informaciones de Washington sobre la presunta compra de Uranio de Hussein a Níger en las motivaciones del Gobierno para atacar a Irak. Al parecer la filtración vino de la oficina del Vicepresidente y para Wilson se trató de una venganza del Gobierno por sus declaraciones.
Esta es una acusación seria que seguramente va a involucrar a otro funcionario, Karl Rove y que originará una investigación más profunda que podrá dejar más de una verdad al descubierto.
Una situación muy delicada para la administración, pues la filtración de una información delicada como la identidad de un Agente federal que ponía en riesgo la vida de este, es además de un delito, una muestra de cómo se manejan las cosas en la Casa Blanca; desempolva las declaraciones de Wilson sobre que Washington manipuló la información acerca de la posibilidad de la compra de material nuclear por parte de Irak, para justificar la invasión y que las 16 palabras pronunciadas por el Presidente donde usaba estos argumentos como excusa a la invasión fueron incluidas por alguien que sabiendo que no eran ciertas las pasó en el discurso comprometiendo al Presidente a avalar una mentira.
Si a esto se agregan los 2000 soldados muertos en la guerra, las encuestas de popularidad y el nivel de respaldo tan bajo que tiene el Presidente, el panorama no es el mejor y lo peor de todo es que aún le faltan 3 años más de su Gobierno.
Por lo general el desgaste del segundo período es natural, Regan tuvo el escándalo de Irán-Contra, Clinton el de Mónica Lewinsky y Bush tendrá que cargar con la guerra y pequeños escándalos que empiezan a salir a flote.
Quizá el Gobierno tenga que cambiar de rumbo, tenga que reemplazar miembros importantes del gabinete y de una vez tomar una determinación con referencia a qué hace en Irak. La mayoría del pueblo americano piensa ahora que la guerra fue una equivocación, muchos se han dado cuenta que el Gobierno no tenía motivos para atacar a Irak y peor aún que lo hizo sin medir las consecuencias. Lo cierto es que ya se hizo, que ya murió la gente, pero aún estamos a tiempo de que no mueran más.
Sólo la historia podrá juzgar si lo que vivimos en Irak fue un acto premeditado o simplemente fue motivado por la necesidad de defender al país, y los errores cometidos fueron solamente por incapacidad y no por conveniencia, si los miles de inocentes murieron por una causa o sólo por una mala decisión.
Si el partido republicano quiere estar en la pelea en las elecciones del próximo año y en las presidenciales de 2008, va a empezar a presionar a Washington para que cambie posturas y que el lodo no lo siga salpicando, de lo contrario en el 2008 el pueblo se lo va cobrar en las urnas.