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Publicado el 01/11/2006 09:45 AM EST
El Congreso debe dar ejemplo
Una de las prácticas que más acostumbran los políticos en los países latinoamericanos es el famoso tráfico de influencias. Muchas veces hemos escuchado del dinero que corre por debajo de la mesa en favor de la aprobación de una ley en el Congreso. Muchas dádivas se ofrecen en la adjudicación de un contrato y en ocasiones estas no solo son en dinero sino en regalos, invitaciones o privilegios.
Aquí para evitar la presión de las corporaciones a los políticos buscando beneficios en sus decisiones, se inventaron la figura de las empresas de Lobby, que contactan a los Congresistas y ejercen ese trabajo de convencer a los políticos de las bondades o no de aprobar una ley que beneficie a tal o cuál empresa, organización, gremio o país.
Este es uno de los trabajos más lucrativos y de mayor desarrollo en Washington. Centenares de compañías han contratado servicios de las empresas que hacen el cabildeo. Hasta ahora lo que se sabía era que no existía ninguna retribución a cambio para los Senadores o Representantes, aunque de todos es conocido que las grandes corporaciones giran dineros para las campañas sin exceder los límites establecidos.
Pero con los acontecimientos de los últimos días, la verdad que todos conocían pasó a ser un secreto a voces. Jack Abramoff un socio cercano del desbancado líder republicano de la Cámara de Representantes, Tom DeLay, se declaró culpable de varios cargos de corrupción. Según los fiscales, Abramoff ofreció viajes, costosas entradas a eventos deportivos, comidas en restaurantes de lujo, y otros bienes a varios legisladores, sus familiares o asesores, como parte de un esfuerzo por conseguir leyes favorables a sus clientes.
DeLay está acusado por violar la ley de financiación de las campañas y logró evadir otros cargos de corrupción, pero con la declaración de Abramoff, se “prende el ventilador” y su nombre saldrá a la luz nuevamente en la caja de Pandora que parecen ser las declaraciones del cabildero. Abramoff va a denunciar a varios de sus beneficiarios y ya por los pasillos del Congreso hay un halo de temor por las cabezas que van a caer.
No era difícil saber que algo se esperaba a cambio de una ley que a muchas industrias les ha hecho ganar millones, pero la transparencia que han mantenido los legisladores nos hacía pensar que esas prácticas solo eran propias de los políticos corruptos a las que estamos acostumbrados en América Latina.
Este hecho no va a pasar desapercibido en Washington, va a tener un castigo ejemplar y en especial porque la mayoría de los implicados en el escándalo son del partido republicano que quiere que todo quede aclarado y penalizado antes de las elecciones de noviembre.
Es una lástima que un sistema político al que todos considerábamos perfecto tenga estas fisuras que si entran a investigar bien, seguramente son más profundas. La figura del ‘lobista’ o cabildero no es otra que la del tráfico de influencias, no creemos que Abramoff sea el único en ofrecer algo a cambio de un favor, ni tampoco que los que recibieron hayan sido los únicos que se beneficiaron. Vivimos en un país ejemplo de transparencia y este hecho se debe investigar hasta las últimas consecuencias y castigar a los culpables, pues son ellos los mismos que salen hablando de no dar beneficios a los ilegales que entran al país por estar violando la ley, ellos mismos tendrán que dar la cara y no podrán pedir clemencia por la corrupción de la que fueron partícipes.






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