La situación que vive Venezuela es sin duda alguna insostenible. Un país rico, que ha sufrido del peor flagelo que país alguno pueda desear, la incapacidad de sus políticos. Venezuela es hoy por hoy, un país condenado a su desgracia porque su pueblo ha llevado al poder dirigentes que han hecho bien su labor de destruirlo.
La situación que vive Venezuela es sin duda alguna insostenible. Un país rico, que ha sufrido del peor flagelo que país alguno pueda desear, la incapacidad de sus políticos. Venezuela es hoy por hoy, un país condenado a su desgracia porque su pueblo ha llevado al poder dirigentes que han hecho bien su labor de destruirlo.
Recuerdo hace unos 30 años la bonanza, ver la opulencia del pueblo venezolano, recuerdo ver los instantes anteriores al “Caracazo”, cuando la gente ya imaginaba lo que vendría. Una diferencia abismal, pero nunca imaginable a un país casi parado por una polarización peligrosa que no ha permitido su desarrollo. Recuerdo como les advertí a mis amigos venezolanos, lo que pasaría con un eventual gobierno de Hugo Chávez en el 98 y recuerdo ese “macabro día” de diciembre de 99 en el que Chávez ganó la votación de la nueva constitución, que llovió y llovió hasta causar la tragedia de los deslaves en el Estado Vargas, como si Dios le quisiera cobrar al país, el error que acababa de cometer. Venezuela no se puede quejar ahora, pues cuando pudo no derrotó a Chávez en las urnas, hoy aquellos que están arrepentidos, sufren las consecuencias de una “tragedia anunciada”.
Habrá referendo pues las firmas existen y Chávez lo dejará hacer, porque él sabe que una vez más ganará, pues está unido y la oposición no, porque tiene el poder y la maquinaria a su favor y la oposición no, y porque si pierde, algo se “inventa” y seguirá hasta que de verdad el pueblo o reviente o se acostumbre a tenerlo como presidente.
Chávez no va a terminar su mandato, seguramente sufrirá un “accidente” de esos como el que le pasó al General Omar Torrijos o en el mismo Venezuela a Renny Ottolina. Lo que sí parece seguro es que no lo derrotarán los votos, pues una vez más, Venezuela le fallará a la historia y a la hora de la verdad, el pueblo lo respaldará para evitar que venga uno peor.
El exilio venezolano tiene que actuar diferente a lo que ha actuado el cubano y hacer frente como lo ha hecho hasta ahora con argumentos políticos ante la crisis, fomentando más que golpes, una oposición unida y fuerte que de confianza a quienes están poniendo el pecho al problema en su país.
Venezuela no puede seguir así, al borde de una “guerra civil” y con una economía en picada siendo el país más rico de la región. Con reparo, con reafirmazo, firmazo, referendo o elección, Venezuela merece una mejor suerte y los venezolanos merecen un futuro diferente. Ojalá que el pueblo entienda que la solución no es Chávez y pueda recuperar en las urnas la confianza que todos teníamos en ese país.