La semana pasada comenzó su trámite en el Senado la controvertida reforma migratoria conocida como la HR4437. Esta iniciativa promovida por el representante republicano James Sensenbrenner fue aprobada el 16 de diciembre pasado, a las 10 y 31 de la noche por una clara mayoría en la Cámara. 239 representantes votaron si a la aprobación de la ley de seguridad en las fronteras contra 182 que se opusieron. De los 239 votos favorables 203 fueron republicanos y 36 demócratas, de los 182 votos en contra, 164 fueron demócratas, 17 republicanos y 1 independiente.
Sólo para su conocimiento los representantes de nuestra área votaron así: Michael Bilkirakis Republicano del distrito 9, votó si; Bill Young Republicano del distrito 10, no votó; Jim Davis, Demócrata del distrito 11, votó no; Adam Putman, Republicano del distrito 12, votó si y Katherine Harris, Republicana del distrito 13, votó si.
Como ven, los Congresistas de nuestra área no son muy amigos de una reforma favorable a los inmigrantes en esta nación, quizá por lealtad a las políticas de partido o porque en verdad consideran que las medidas que se plantean en la reforma son apropiadas para la seguridad nacional.
Desde septiembre 11 de 2001, las cosas cambiaron en este país. La única manera de combatir el terrorismo es con inteligencia, y no hablo de capacidad cerebral, hablo de espionaje, de infiltración y de extremar la vigilancia con todos los métodos disponibles.
Yo estoy de acuerdo en que el Presidente intercepte llamadas, correspondencia, etc. como medida preventiva para lograr anticipar un ataque en esta guerra con un enemigo invisible, pero no entiendo las medidas para castigar a los inmigrantes y convertirlos en criminales.
Tienen razón en que los indocumentados están infringiendo la ley, nadie lo pone en duda, pero si lo hacen es motivados por alguien que los contrata, y ese alguien es tan culpable como él. Me viene a la memoria la famosa frase de Sor Juana Inés de la Cruz “¿Y quién es más de culpar, aunque cualquiera mal haga?, ¿la que peca por la paga o el que paga por pecar?”
Todos somos culpables, pero la solución no es criminalizar a los indocumentados como si fueran delincuentes comunes. La solución es tomar medidas consecuentes con lo que realmente queremos. Si necesitamos mano de obra, legalicemos la entrada de esa mano de obra, con los mismos beneficios de los demás. Si no la queremos, no la dejemos entrar, punto, así de sencillo.
Canadá tiene un porcentaje mínimo de ilegales, un país con una inmigración gigantesca, pero con una política clara, el que va allá, va legal, allá sin documentos no se puede comprar un carro, no se puede inscribir un hijo a la escuela, no lo atienden en el médico, no se puede trabajar y desde luego -menos comprar una casa o tener una tarjeta de crédito-. Acá no queremos a los ilegales, pero desde luego, queremos que compren casa, carro, hagan mercado en los supermercados y consuman. Por favor, este país necesita a los inmigrantes, el tema es: hay que legalizarlos para no tener esa doble moral de usarlos por conveniencia.
La seguridad en la frontera es un tema prioritario. Yo me pregunto... si este país sigue consumiendo droga, ¿por dónde entra? Supongo que es por las fronteras, por mar o por aire. ¿Quién ha dicho que van a tomar más precauciones para que la droga no ingrese al país? Por donde entra un cargamento de droga puede entrar un terrorista, un arma nuclear o biológica, y no es necesariamente por la frontera con México.
El tema acá es que los inmigrantes han cambiado comunidades y lamentablemente no siempre para bien. Hay lugares donde las pandillas, la suciedad, el desorden ha cansado a los vecinos y son ellos los que no quieren ver más a los ilegales en este país, sectores muy conservadores como los de Sensenbrenner o Tom Tancredo han liderado estas iniciativas, y movimientos anti inmigrantes como Minuteman han hecho de esta una bandera política que es rentable en materia de votos. Al fin y al cabo los ilegales no votan y los vecinos molestos sí.
Ahora comienza el vía crucis, ya se envió la propuesta al comité judicial del Senado, seguramente tendrá negociaciones, modificaciones, acuerdos, pero al final tendrá que salir algo que no creo pueda ser favorable. Un Senado Republicano, que sabe que necesita votos para mantener su mayoría, se la tiene que jugar a medidas de derecha para mover el corazón de personas radicales que piensan en América para los americanos.
Nos viene días duros, hace falta mucho lobby, mucha fuerza política para lograr una ley si no favorable, por lo menos que no sea perjudicial como está concebida.
Ni a los republicanos ni a los demócratas les conviene adueñarse de una ley anti inmigrante porque al fin podría ser una medida poco popular en especial entre la comunidad de negocios.
Por ahora, nos toca hablar con los Senadores de nuestra área, Nelson y Martínez para comprometer su posición, y rezar para que fórmulas como las que presentaron John McCain y Edward Kennedy se impongan y al final la ley tenga mejor cara.