La semana pasada tuve la oportunidad de estar en la manifestación pacífica realizada en la ciudad de Tampa, donde la comunidad expresó su opinión en contra de la ley Anti-inmigrante. Fue muy interesante ver un grupo de trabajadores hispanos que faltaron a sus empleos, muchos de ellos con la anuencia de sus patronos.
Allí ví los rostros de hombres y mujeres quemados por el sol de las duras jornadas de las cosechas, ví las manos curtidas por la labor, pero ví la sonrisa y el entusiasmo de muchos de ellos. No ví ningún terrorista, ningún ladrón, sólo hombres y mujeres que pedían por algo justo, porque se les reconociera su condición.
Esos carteles de “No a la HR4437” eran su único mensaje. Ellos como miles de hispanos pedimos a los Senadores que cuando vayan a tomar una decisión, piensen en quién cosechó las naranjas del jugo que tomaron al desayuno, quién cuidó su jardín, quién arregló su techo, quién cocinó en el restaurante cuando salió anoche a comer con su familia, quién seguramente puso el drywall de las paredes de su mansión. Ese Senador debe pensar quién va a pagar su retiro y está pagando el retiro de millones de norteamericanos.
Ese ilegal que hoy quieren que se vaya fue el mismo al que llamaron para que viniera a la siembra cuando ninguno quiso ponerle la espalda al sol.
Este Gobierno ha sido impredecible, ha tomado acciones como la guerra en Irak, un absurdo que hoy está a punto de generar una guerra civil de proporciones impensables, no sería raro que este Gobierno decida tomar una decisión absurda como la de echar de este suelo a 11 millones de trabajadores, de poner en jaque la economía del país, porque “acabando” con los indocumentados van a llevarnos a un depresión económica incalculable y van a acabar con todos.
Yo no quiero que Sensenbrenner y sus amigos triunfen y el Gobierno implemente las medidas que contempla la HR4437, y cuando se den cuenta del error, ya sea demasiado tarde. Miren Irak, creímos en el Gobierno, creímos en los motivos, hoy ni los motivos fueron ciertos, ni Irak tiene una democracia y los muertos que van hasta el momento son sólo la cuota inicial de una masacre.
Yo entiendo que pedir una amnistía es algo utópico, entiendo a los que dicen que no se puede premiar a quienes han infringido la ley, pero ¿cuántas veces hemos tomado decisiones más graves de “perdón y olvido”? ¿No perdonó el presidente Clinton a un empresario que había robado millones de dólares? ¿No están en la calle ejecutivos de empresas que estafaron a sus trabajadores e inversionistas? ¿No se han perdonado asesinos, como el mismo Saddam Hussein cuando fue nuestro aliado, o a Noriega cuando trabajaba con nosotros o el mismo Bin Laden mientras atacó a nuestros enemigos? ¿No estamos pensando en perdonar a Posada Carriles?
Y si sigo no alcanzaría el periódico para enunciar los miles de casos en los que se han perdonado delitos. ¿No perdonaría usted a un hombre que arriesgó su vida para venir a trabajar duro y poder alimentar a su familia? Ese hombre o mujer no se robó lo que ganó, lo trabajó y bien duro, es más, recibió menos por su labor, su único pecado fue el de trabajar sin un papel sólo para que usted pueda vivir en el mejor país del mundo, para que usted pueda disfrutar de las comodidades que no tenía en su país. Con la mano en el corazón, ¿no lo perdonaría?
Por favor si no hemos comprendido la gravedad de las medidas anti-imigrantes, ya es hora que lo hagamos. Esto no es un problema de los mexicanos, es más, ni siquiera es de los hispanos, es de todos. No debemos dar la espalda a la comunidad mexicana, esta es una cruzada de todos los que creemos que este es el mejor país del mundo, con defectos como cualquier otro, pero mejor que los demás.