Los ecos del Sí se puede todavía retumban en los oídos de los habitantes de este país, todavía es muy prematuro para decir si el “Día sin inmigrantes” dio el resultado que se buscaba o no. A pesar del temor, de la división de las diferentes organizaciones, el paro laboral funcionó, las marchas funcionaron y fueron portada de todos los periódicos del país, y el titular principal de los noticieros de televisión no sólo de Estados Unidos sino del mundo.
Lo positivo: muchos negocios americanos cerraron o apoyaron el paro. Fábricas, asociaciones de comerciantes, muchos industriales decidieron darle el valor que nuestra comunidad tiene. Muchos entendieron que necesitan a los inmigrantes para poder subsistir. Este es quizá el mayor logro de la protesta, se logró sensibilizar a la comunidad empresarial.
Sin embargo y hay que reconocerlo como negativo, muchos americanos sintieron la protesta como una medida en contra del país. Y no sólo americanos, muchos hispanos pensaron lo mismo y decidieron no apoyarlo.
Fue interesante ver las diferentes posiciones y las interpretaciones que cada organización dio al problema. La Cámara Americana Comercio de Tampa, cuyo Presidente es un hispano se opuso a la decisión, pues su labor era defender los intereses de sus miembros. Las Cámaras de Comercio Americanas de Sarasota y de Manatee decidieron apoyar la propuesta con el objetivo de proteger a sus miembros de protestas prolongadas. Dos reacciones completamente opuestas y válidas. Algunas iglesias apoyaron el paro, otras no. Algunas organizaciones apoyaron el paro, pero no las marchas y ningún otro tipo de demostración.
Algunas empresas facilitaron a sus empleados la asistencia a las demostraciones o dieron permisos para que la gente no trabajara el primero, otras intimidaron a sus empleados, amenazaron y chantajearon para evitar la ausencia el lunes.
Lo cierto es que no se pudo lograr un consenso en la comunidad, la mayoría estamos unidos en la búsqueda de una solución en favor de los millones de trabajadores indocumentados, pero quedó claro que no estamos unidos en la forma como se demuestra la necesidad. Yo no estoy de acuerdo con medidas de fuerza, incluso con marchas o protestas callejeras, pero le debo dar la razón a quienes las promueven, porque de verdad si fuera sólo con el diálogo a esta hora estaríamos viendo como la HR 4437 se habría convertido en realidad.
Se calcula que el lunes se perdieron más de 300 millones de dólares en todo el país, sin embargo mucha de esa “pérdida” se recuperará, pues se trasladó el ingreso para otro día, y eso era lo importante, que la comunidad americana viera que sin los inmigrantes esos más de 300 millones al día no se recuperarían. Quizá el impacto no fue tan grande, pero si fue una muestra de lo que podría ser vivir sin una comunidad productiva como la nuestra.
Ahora la pregunta es ¿qué sigue? Por ahora no más, por favor en eso debemos estar todos unidos, dejemos que el Congreso se reúna y analice las propuestas, ellos ya han recibido la presión y saben qué queremos, veamos qué piensan y cómo actúan. Como diría la canción del comerciante de Plant City, Guillermo Gamma, el gol prometido, la bola está en el campo de los demócratas y los republicanos, esperamos que no sigan jugando con nosotros y metan el gol que estamos esperando.
En esta búsqueda de expresiones y demostraciones de lo que somos los hispanos, muchos de buena intención pueden cometer errores. La traducción del himno fue uno de ellos, estoy seguro que sus productores lo hicieron de buena fe, pero la reacción fue contraproducente y fue más el daño que hizo que el beneficio. Nunca se debió realizar en especial en momentos de tanta sensibilidad. El afán de protagonismo, de aparecer en televisión, en la prensa, ha hecho que cosas como esta sucedan y seguirán pasando. Esto confunde, porque a la hora de la verdad los que salimos juzgados somos los hispanos, somos nosotros lo que quedamos como abusivos que venimos a imponer nuestra cultura.
Nadie culpa al productor británico que realizó el himno, nos culpa a nosotros. Hay que tener mucho cuidado y dejar los egos y protagonismos a un lado. Hay que desconfiar de muchas personas que han visto en esta causa una forma de sobresalir, de impulsar su imagen, sus negocios o sus aspiraciones políticas, hay que creer en los líderes desinteresados que solo buscan el beneficio de la comunidad.
Han aparecido muchas organizaciones, algunas con tradición o respaldo, otras solo con buenas intenciones, presumimos que todas tienen el mismo objetivo, por eso sugerimos que se reúnan que analicen sus posiciones, concilien sus diferencias y trabajen coordinados para el futuro. Muchas de estas organizaciones se formaron al calor y la emoción de este debate y quizá se acaben cuando se enfríe el mismo, por eso debemos fomentar que no sea así, que las organizaciones que de verdad querían trabajar por una causa subsistan y logren su cometido, y que las que sólo querían figuración y protagonismo de sus directivos no pasen de un nombre que en poco tiempo nadie recordará.
Todos debemos sentirnos orgullosos del valor de muchos a quienes no les importó arriesgar su trabajo en pro de una causa que algunos casos no era propia, sino simplemente porque consideraron que era justa para una comunidad que todos queremos.