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PANTUFLAS CON CHOCOLATE
Hay que tener cuidado con lo que se promete porque quizás uno tenga que comerse sus palabras o, dependiendo del caso, sus zapatos. Aunque las zapatillas que le sirvieron al político noruego Ulf Erik Knutsen ni siquiera eran suyas.
En 2008, Knutsen acudió a un programa en directo de la cadena pública NRK1, donde le presentaron en un plato unas pantuflas cocinadas con salsa de chocolate. Siete años antes, había prometido que se comería unas pantuflas viejas si los gastos de la nueva Casa de la Ópera de Oslo no excedían de 10.000 millones de coronas noruegas (unos 1.650 millones de dólares). El edificio en cuestión costó algo menos de 4.000 millones de coronas (unos 600 millones de dólares). Aunque el político afirmó que sus palabras habían sido malinterpretadas, cumplió lo que había prometido.
En definitiva, debemos tener claro que no se puede prometer algo y esperar que el tiempo pase y los demás se olviden. Porque, por más que el arrepentimiento o la cordura quieran llevarnos por el camino de la sensatez, una promesa es una promesa.